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Jorge Guillén en plena madurez / fundacionjorgeguillen.com |
Ana Santos Aramburo, la directora de la BNE está acopiando -bueno, vale: "haciendo acopio", mejor- de los archivos completos, o no, de los mejores escritores españoles y dibujantes y viñetistas y todos cuantos aporten luz y memoria a la desmemoriada cabeza hispana, que tanto de lo suyo ha despilfarrado y dilapidado por esos mundos.
Los fondos de la Biblioteca son curiosos y extensos.; vale la pena echarles una ojeada. Y a ellos se suman unas cuantas cartas de
Jorge Guillén que conservan la gracia de su educación caballerosa. Era un señor chapado a la antigua, claro, ¿cómo no? Lo conocí cuando ya se había asentado en Málaga, en cuya casa me acogió con gran amabilidad una tarde de verano, en que me presenté con un compañero técnico de sonido de Radio Ncacional, a grabar una conversación entre los dos, de poesía, de paisajes, de historia, de modales, de comidas, de sabiduría, de leer libros, de ser niños... ¡qué sé yo! Casi dos horas estuvimos de charleta. Acabamos amigos.
Lo que me ha gustado es saber que
esas cartas las dona su hija Teresa; una bella mujer, de cintura de avispa y modales de princesa, que vive entre Boston y Málaga. Me alegra saber que cualquier persona podrá curiosear con el debido respeto, se entiende, en esas cuatillas que han conocido otro tiempo, un tiempo que resuena en los que vamos dejan do años atrás, con el olor del chocolate de las meriendas y de las gomas de borrar Milán o la tinta Pelikan. Ya ves.
He recordado las veladas en su casa de Boston, con
María Estrella y
Christopher, comisqueando alguna delicatessen y en animada charla siempre inteligente y divertida. O cuando visité su casa de Nerja, un espacio marinero que se adentra en el agua por medio de una pasarela de madera sobre un jardín. Qué bonito.
Pero, lo que me interesa es saber y que sepan que los fondos del poeta se han ensanchado en la BNE.