miércoles 23 de diciembre de 2009

El apagón



¿Se acuerdan del apagón eléctrico acaecido en la magna ciudad de Nueva York (New York) hace una pila de años que -dicen- provocó el nacimiento de muchas criaturas debido a que no se supo nada mejor que hacer en el rato que duró? Bien. Pues esta misma mañana, en el noble pueblo de Espluga de Francolí, a donde me dirigí, en medio de la lluvia, a comprar unas viandas, encontré que el colmado estaba fermé, ¿por qué? pues porque no había luz y no podían usar ni la báscula ni la caja registradora. Me lo comunicó una joven cajera, con su delantalito y su coleta de melena oscura, componiendo un ademán de "como verá usted, razones no nos faltan". De modo, amigos, que ahí me tienen, con cara de pazguata, la boca abierta y el cestillo vacío, la lista de la compra esgrimida en la mano izquierda, de pie en la acera, a la intemperie, deseando que eso no durara más de unos minutos. Pero duró más. De vuelta a casa observé que los chinos estaban abiertos. Se me ha roto la pala de recoger los bombones de los gatos así que me pasé a ver si ellos sí podían atenderme. Había cola. Encontré una palita de plástico agujereada por 0,75 cents, pagué, desée felices pascuas a quienes me atendieron y me volví a casa convencida de que, aunque se vaya la luz, los chinos gobernarán la tierra. ¿Se acuerdan de cuando Mafalda, en medio de la noche, se acerca a la cama de sus progenitores para preguntarle a su padre: "Papi: ¿es siérto que mientras nosotros acá dormimos, los chinos, allá, están despiértos?" Pues, que nos coja confesaos.

lunes 21 de diciembre de 2009



Esta me la he subido de la wiki, ¿vale? porque aún no dispongo de mi personal computadora, que la tengo castigada sin antivirus. Prometo sustituir esta foto por la auténtica, tomada por mí, de la gineta perseguida por Niebla, la perra blanca fantasmal que recorre sin descanso -como alma en pena- los vericuetos y caminitos de El Teular. Esta de la foto de wiki parece aburrida, falta de estimulo. Nada que ver con la original. La gineta es un ser solitario que se busca la vida como nadie. Resulta antipático porque, a la que tiene ocasión, se mete en un gallinero y monta la de San Quintin, pero, ¿qué quieren? Se trata de un ser vivo que tiene que ganarse el condumio de cada día. Y como no es andaluza no figura entre la cuarta parte de andaluces funcionarios, que cuenta la prensa. O sea, que tiene que luchar por la subsistencia. Ahora bien, quiero que sepan que:

1º no me creo que los andaluces sean tan funcionarios ni que los catalanes -por ejemplo- lo sean menos.

2º no me creo que los funcionarios sean tan vividores como los presentan.

3º es verdad que para huir de la inestabilidad de los tiempos que corren:

1º o se hace una funcionaria

2º o se busca la vida como los depredadores

3º o se mete a monja budista

En fin; dejo en las manos de ustedes, que están limpitas y son habilidosas, las posibles soluciones al asunto que se plantea.

jueves 10 de diciembre de 2009

Los viejos piratas nunca mueren


Mindanao es la tercera región que junto con Visayas y Luzón conforman Filipinas. Los españoles, cuando llegaron a estas islas hace casi cuatrocientos años, se encontraron con los rebeldes de Mindanao, que no lo eran tanto porque fueran musulmanes cuanto porque eran, y siguen siendo, piratas, gitanos del mar, dicen de los que viven en Río Hondo, que pude visitar, bien flanqueada, hace dos días. En algun libro de historia contada a los niños filipinos se dibuja a esos habitantes del Mindanao del XVII haciendo burla a los conquistadores mientras peleaban contra ellos. Burlones piratas de muy peligrosa catadura. La melancólica figura de mirada perdida de la fotografía del pirata filipino no debe llamar a engaño.
Cada día se reporta alguna desaparición en el mercado de Zamboanga. Suelen ser mujeres de las que sólo se sabe una vez que aparecen -o no- sus cadáveres. En alguna otra zona de la región, cada cierto tiempo, un sacerdote o un misionero sale de la circulación sin que nadie sepa a dónde. Si tiene quien le rescate regresa a la rutina, como le pasó a aquel holandés hace años. Si es un pobre servidor de Dios sin perrito que le ladre, nada vuelve a saberse de él. Después de un tiempo aparece su cuerpo separado de la cabeza. A los piratas les gusta separar cuerpos de las cabezas. Ya no se toman la molestia de sacar al prisionero de la sentina para conducirlo al baldón con el objeto de que sirva de pasto de los tiburones. Eso era antes.
A todo eso, la vida política filipina lleva meses preparándose para las elecciones de 10 de mayo de 2010. Cada día hay declaraciones a cada cual menos creíble. También se producen hechos como los del otro día en Maguindanao, en que la familia de los Ampatuan se cepilló de mala manera a 57 personas, entre ellas, 31 periodistas, que iban en la comitiva de la familia contrincante en el reparto del poder. Bien, hay que decir, que ellos no hacen ese trabajo personalmente. Para ello contratan a civiles voluntarios armados (aquí lo de las armas es libre como en sus admirados EEUU) que apañan el negocio de la manera más sucia posible.
Lo mejor del asunto es que la prensa es realmente libre y opina libremente, dando a diestro y siniestro. Desde luego que la presidenta GMA no se libra. Pero sigue sin pasar nada. Gloria Macapagal Arroyo ha decretado ley marcial, de modo que no se verá obligada a tomar decisiones muy severas contra su colaborador y asesino compadre. Con la alegre comparsa de la fiesta con que se prepara la Navidad desde septiembre surge la idea machacona de los tristes trópicos, de las tierras bañadas por el mar de China.
Con piratas o sin ellos, la vida filipina transcurre plácidamente en la superficie; en el subsuelo, en el fondo oscuro y oculto, bullen las armas cargadas por el diablo. Aparecen de improviso los diablos mismos, como esos pececillos de colores de los arrecifes de coral de El Nido, tan conmovedores.

jueves 3 de diciembre de 2009

Tumulto filipino




Suena una guitarra bien tocada y una voz al compás que canta canciones de los Beatles y de Cat Stevens, de Simon & Garfunkel y de Mamas and the Papas. Un joven filipino toca y canta desde un rincón apartado, casi invisible, y la luna hace su aparición detrás de una gran montaña que emerge directamente del mar. Luna llena sobre el Pacífico en la isla de Palawan. El viento agita suavemente las largas hojas de esas palmeras cocoteras, gráciles, como de tarjeta antigua. Una velada de descanso en uno de esos resorts para turistas ricos. Suena el mar y las conversaciones que se van enlazando entre los que frecuentan el bar, a la orilla del agua, algo agitada por una brisa que está tentada de dejar de ser suave. Conversaciones en un inglés raro, internacional, con dejes indios, combinado con español y tagalo.



Filipinas, Pilipinas. Una jota que parece un pasodoble; una habanera que parece una copla. Ya escribiré más cuando tenga luz y me encuentre sola. Ahora hay mucho barullo alrededor. Perdonadme.

lunes 23 de noviembre de 2009

Homenaje

*********************Mary (derecha) y Amparo Villagrá , en 2000

He asistido a la muerte de Mary Villagrá, un acto íntimo y casi secreto; o eso creía yo. Cuando llegué a la casa familiar, después de un aviso de Marisa que me pilló en Madrid, encontré un nutrido grupo de gente pululando por aquí y allá. Ocho de sus nietas, rodeaban el lecho, algunas trepadas sobre la cama, junto a ella, llorando desconsolada pero silenciosamente, sin despegar los ojos del rostro de la moribunda. La vecina de arriba, Pilar, enfermera, que había acudido siempre que fue requerida para ponerle una inyección, tomarle el pulso o cualquier otro favor, paseaba pasillo arriba, pasillo abajo, las manos en los bolsillos de su enorme jersey de lana. Antoñita, la vecina por excelencia, permanecía en pie con la mirada perdida a la puerta de la alcoba. Pero, ¿esto qué es? se me ocurrió decir sin poder reprimirlo. No debiera haber tanta gente aquí. Me parecía obscena la contemplación de la muerte; además, algunas niñas eran pequeñas, ¿por qué dejar que se impresionaran con algo tan extremo? Me llamaron la atención y recompuse una modesta actitud, un poco abochornada por el comentario impetuoso, tan ingrato.


Con un bebé, en brazos hace tanto tiempo...



Mi madre agonizaba en su casa, en su cama, como dejó dicho; los ojos cerrados, el cuerpo exhausto, desvanecida para siempre, pues no recobró la conciencia después del gran ataque de horas antes que le arrancó un grito desgarrador, según contaba Mariuxi, que se encontraba con ella en ese momento. "No sufre, me dijo el médico amablemente; se encuentra en coma profundo. Nada puede hacerle sufrir ahora". No sufre, me repetía yo obsesivamente. No sufre. Pero me impresionó el minuto final, su entrega incondicional a la muerte, la ligereza de su mano desmayada, blanca y suave a pesar de haber pertenecido a una mujer dura y valiente. Cuando volví a contemplar su rostro, del que había desaparecido el color rosado, me di cuenta de que ya no estaba con nosotros, que mi madre había abandonado la carcasa blanca y suave que la había mantenido en pie toda su vida. Se había ido dejando ahí encima su pobre cuerpo inerte, descolorido, con expresión de estar durmiendo después de haber librado una batalla terrible, agotadora. "Una muerte muy dulce", había escrito Simone de Beauvoir para relatar la larga agonía de su madre. Suspiré para adentro, aliviada, sabiendo que todo estaba bien, que Chari le había hablado con amor para despedirse de ella, como había hecho yo misma sin que nadie lo advirtiera, minutos antes. Todo está en orden, mamá. Puedes irte cuando quieras. Papá te espera con los brazos abiertos. Juntos, otra vez. Al fin.

Y bendigo a Dios y a quien haga falta por tan compasiva intervención.






lunes 16 de noviembre de 2009

Los últimos del todo

++++++++++++++ Los últimos de Filipinas ++++++++++++++++++++++++++++++++++
Me gusta leer libros de historia aunque a veces sufra con la lectura. Pero es un sufrimiento llevadero, en el que compensa lo padecido por lo aprendido. Ahora leo libros variopintos, históricos todos, sobre Filipinas: libros de militares que estuvieron allá cuando el Desastre, como Las campañas de Caraballo, Balanguingui y Joló, o El sitio de Baler, contado por el general Saturnino Martín Cerezo; libros de poesía escritos originariamente en tagalo y en español como Flores filipinas, de Miguel Zaragoza, libros de viajes comerciales como The Manila Galleon y uno de los libros más significativos de José Rizal (en la imagen), Noli me tangere".
Sí, me conmueven muchos capítulos de la historia de la humanidad pero más aún si se trata de la historia de España. Tantos errores que pudieron haberse evitado, tantos hechos bellos, buenos y heroicos desconocidos por los propios españoles, cuanto más por el resto de los habitantes de la tierra. Pero lo que me trae a esta cita es un dato que me ha sumido en la perplejidad. La actual presidenta de Filipinas, Gloria Macapagal Arroyo, pidió al gobierno español apoyo para reistaurar el español como lengua cooficial en el país. El español había sido lengua oficial en Filipinas desde su colonización, en el XVI hasta 1973 en que, ya muy debilitado por las consecuencias de la guerra filipino-norteamericana (1899-1903), fue retirada del mapa. En 1987 se suprimió definitivamente de los planes universitarios. La presidenta filipina, sensible a la importancia de nuestro idioma, quería que el parlamento aprobara su propuesta en enero de 2008, ¡hace poco tiempo! Pero la fecha llegó y la respuesta del gobierno español, por lo que se ve, no llegó. No quiero ni imaginarme cómo habría reaccionado el gobierno francés, por ejemplo, ante una petición semejante. Así se escriben muchos capítulos de la historia de España. En 2007, el Instituto Cervantes de Manila le pidió a la presidenta que reincorporara los estudios de español en los institutos. ¡Fantástico! Mucho más se habría hecho por el español si todo el presupuesto de los Cervantes de Filipinas se hubiera empleado en apoyar la propuesta de Macapagal. ¿No les parece? No hay que preocuparse, sin embargo, gracias a la inacción española, hay 20.000 alumnos de español en un país de casi 90 millones de habitantes. Menos da una piedra, hay que amolarse.

martes 10 de noviembre de 2009

Saltar el muro

Debe de haber por alguna parte de esta casa unos pedazos del muro de Berlin pintarrajeados que Pilar Miró me trajo, hace 20 años, todavía directora general de RTVE y oyente de mi programa, como supe cuando ya me habían despedido. Los guardé cuiadosamente a pesar del abuso que se cometió con la comercialización de esos trozos de cemento helados por tantas muertes y por el sufrimiento de tanta gente. En la casa de mi infancia siempre se hablaba del telón de acero y yo creía que el muro estaba hecho así, como un largo telón de teatro pero de acero. Apenas podía imaginarlo. Cuando, muchos años después, en 1986, pude verlo con mis ojos, me parecía raro que un muro así dividiera una ciudad tan poblada en mi mente de novelas que me parecía inabarcable. Una vecina de Check Point Charlie me invitó a subir a su casa, un octavo piso, desde donde se dominaba el panorama de las calles y las casas a las que el muro partía en dos. Por ese lado, ni una sola pintada, ningún dibujo iluminaba la sinrazón. Todo el muro estaba impoluto y formalito. Fue muy amable esta frau que incluso insistió en que compartiéramos un té mientras conversábamos, frases entrecortadas, palabras sueltas, silencios, miradas melancólicas hacia el exterior donde algún guardia paseaba rutinario y aburrido, esperando quizás el relevo.

FotogrCursivaafía del CPC en 1966

Luego tomé el metro para apearme en la Frederickstrasse, donde había que pasar la frontera. Colas de alemanes llevaban paquetes -algunos enormes: televisores, neveras...- y esperaban en silencio su turno. Al entregar el pasaporte, la mirada acerada del policía se me clavó en la pupila varias veces, pupila y fotografía, una y otra vez. No le gustó, quizás, mi condición de periodista. Ana, que venía conmigo en calidad de traductora, llevaba una novela inconveniente de Peter Schneider: Der Mauerspringer. Ana y yo comentábamos lo guapo que era el policía al que sonreíamos abiertamente cuando nos miraba de esa manera. Quizá, por eso, al regresar de la trastienda con el comisario de fronteras, un hombre, por otra parte, muy simpático que nos trató con total amabilidad, aunque nos confiscó material de trabajo, el policía guapo le susurró: "Dos peces gordos, ¿eh, Herr Komisar?" Pateando las calles del Este, contemplé las pancartas colgadas de algunas fachadas, escritas en estilo gótico diciendo consignas de la utopía socialista, el engaño igualitario. Me pregunto si habrá en algún lugar alguna fotografía de esas fachadas. Gasté las monedas de aluminio que fuimos obligadas a cambiar en la frontera (25 marcos) en libros. Y, a la vuelta, entré en una profunda tristeza. La que me produce siempre la conciencia clara de la incapacidad de la condición humana. Mi incapacidad. Mi muro particular.