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Fotograma de El Desencanto, de Chávarri |
Leopoldo María Panero
ha traspasado el contorno del abismo y
ha muerto, al fin, quizás solo, como él temía; quizás alguien lo acompañaba, un
alma caritativa, un ser compasivo que hubiera previsto su acabamiento.
Después
de una vida prematuramente destructiva de sí mismo –mejor que “autodestructiva”
ya que en su destrucción no sólo contribuyó él mismo- el poeta novísimo, e
lhermano mediano de la saga de los Panero Blanc, ha cerrado tras de sí el portón
pesado de la vida de su familia y de su ser. Queda su poesía, la inteligible y
la que no lo parece.
El prefería “Teoría”, el libro que publicó en los años 70. A ratos, capto retazos de
lucidez en la escritura de una mente lúcida como pocas, pero que fue desvaneciéndose
en manos de la locura.
Y ¿qué es la locura? Me preguntas clavando en los míos tus
ojos brillantes y profundos. “La locura eres tú”, y se bebe la coca cola que me
ha hecho comprar, después de fumarse varios paquetes de Nobel, unos cigarrillos
asquerosos que fumaba sin parar.
En varias ocasiones me encontré con Leopoldo María Panero
-¿y quién no?-; una, por entrevistarle para el periódico en el que yo trabajaba
entonces.
Otra, cuando coincidimos en un bar de Malasaña, Madrid, años 80, mi entonces marido y yo.
Compartimos miradas, silencios y vasos en una mesa, envueltos en el humo de los
mil cigarrillos que fumaba todo el mundo, pero sobre todo, Leopoldo. Y alguna charla, donde dejaba escapar su rabiosa inteligencia.
Fumo mucho. Demasiado.
Fumo para frotar el tiempo y a veces oigo la radio,
y oigo pasar la vida como quien pone la radio.
Fumo mucho. En el cenicero hay
ideas y poemas y voces
de amigos que no tengo.
Años después, perdido el contacto, no recuerdo por qué, fui
a hablar con su hermano pequeño, Michi, en su casa de la calle Ibiza. Michi, muy deteriorado ya, malvivía
en un piso oscuro y sucio, que apestaba a orines, donde no era posible tomar
asiento sin sentir un asco casi insuperable. Me pregunto de qué hablaríamos en
esa visita de casi dos horas. Quizás un último libro, algún pretexto parecido. Algo escribí después, vaya usted a buscarlo
ahora.
Hay muertes que afectan y una no sabe a cuento de qué. Pero
afectan.