domingo, 7 de noviembre de 2010

Hacia el Oriente, cuenta atrás

Estoy algo nerviosa ante un viaje largo que me tomará casi un mes fuera de casa y que exige de mí cierta preparación a la que no estoy dedicando el tiempo necesario. ¿Cómo es posible que un día tenga 24 horas, de las que solamente 8 las ocupo descansando, y no me dé tiempo a hacer nada? Es una pregunta aparentemente retórica y sin embargo confío en que un alma caritativa ensaye una respuesta que me haga ver la luz. Nada nada no es exacto, algo haré; me propongo siempre escribir las cosas que he hecho durante el día, aunque sean nimias, pero después no me acuerdo de hacerlo. O no me apetece porque estoy cansada. Pero, ¿cómo demonios puedo estar cansada si no hago nada en todo el día?
Como en los sueños, cuando las cosas no suceden como una quiere, se tuercen, se empeñan en volverse desagradables, así me van perturbando pequeñas cosas, tonterías, compromisos, obligaciones absurdas. Lo más fastidioso es que sé que preparar este tipo de viajes con el detenimiento requerido es la cosa que más me gusta. Me propongo hacerlo y, de paso, dejar de dar la lata a mi alrededor con la queja repetida.
Voy a Corea, con la intención de visitar el Paralelo 38º, y a Vietnam.
Es un viaje de trabajo, nada de turismo ni diversión. Bueno, la diversión es, precisamente, este tipo de trabajo. Me siento afortunada y agradecida a la suerte por poder hacer este viaje. Esto me trae inmediatamente a la cabeza esa canción de Violeta Parra, cantada por ella, con esa voz casi quebrada, suave, juvenil. Bella voz.
¿No les he dicho nunca que me encanta la voz humana? No todas, claro. Encuentro en el sonido de la voz humana los matices que me traen las mejores imágenes de lo divino y lo humano. Seguramente, lleva razón mi amiga Bhavana en que todos tenemos un destino escrito, un derrotero del que nada sabemos pero que se cumple indefectiblemente.No es determinismo, exactamente; es una especie de deriva acorde a nuestras características, nuestra personalidad que se va forjando a lo largo de los primeros años de nuestra vida.
Cuando era chica (como dice Chiqui), escribía cuentos. Una vez, escribí un cuento en forma de cómic, con dibujos que yo misma hacía, que se llamó: "La señorita de la radio". Recuerdo bien la vergüenza que pasé cuando ví que mis padres lo habían descubierto y que lo leían, encantados, un tanto sorprendidos de lo bien dibujado que estaba. Usaba las grapas del ABC, el periódico al que estaba suscrito mi padre entonces. "El ave que pasa por debajo de la puerta de casa". Me hacía polvo los dedos para clavar la grapa en las hojas del cuaderno donde escribía mis cuentos. No había esas pequeñas grapadoras que ahora son tan baratas. En una de aquellas limpiezas de verano que hacían historia, mi madre tiró los cuentos a la basura. Nada que reprocharle, que conste. Papelajos que atraían a las cucarachas, seguramente. Aunque confieso que ahora le echaría una ojeada con gusto.
Pasaron muchos años y entré en la radio a trabajar. Como si yo misma hubiera escrito mi destino. ¿No será que en aquel cuento infantil yo ya planeaba algo de mi propia vida? Por otra parte, mi madre nos entretenía, a la hora de la merienda, con la radio. Escuchábamos al "Zorro, zorrito, para mayores y chiquititos". Rueda por ahí uno de esos correos con anuncios antiguos de la radio, en el que sale la grabación de ese programa. Me dio un vuelco el corazón cuando apareció en mi PC. En la boca, un sabor a bocadillo de queso con membrillo. Humm...
Pero, ¿a cuento de qué les suelto toda esta historieta? Probablemente sea ésa la causa de que mi tiempo encoja tanto. Lo fácilmente que me enrollo, me entretengo, me distraigo, me lío, me enredo, me entusiasmo con miles de cosas distintas y dispersas. Puede que esa sea, precisamente, mi medida. Pues, si es así, se la brindo a ustedes. Os la brindo con gusto, amigos.

10 comentarios:

chiqui y el camino dijo...

Lee Senng-Jin es uno de las 60 ciudadanos coreanos que ha realizado el Camino de Santiago en los dos primeros meses de 2009. Cuenta que cayó en sus manos el libro de otra peregrina, Kim Hyosun, y lo devoró casi de un tirón.
Esta mujer de treinta años, estudiante de Medicina en Seúl, balbucea, en un inglés muy básico, que se sintió tan impresionada con lo que encontró en este relato que decidió, en enero de 2009, viajar hasta España para realizar el Camino de Santiago y “disfrutar de las mismas sensaciones” que plasmó su compatriota en este ensayo sobre sus recuerdos, los viajeros a quienes encontró y su visión acerca del cultura española, en su itinerario por esta senda milenaria.
No es el único libro que ha descubierto el Camino a los habitantes de este país de extremo Oriente, el gran best seller es la aventura que protagoniza la periodista Kim Mamhee, que se publicó hace apenas tres años. Coincidiendo con este gran éxito editorial, en este tiempo, más de 1.400 de coreanos siguieron los pasos de la afamada escritora. Además, el Camino de Santiago también ha protagonizado hasta dos reportajes televisivos en horas de máxima audiencia durante 2008.

Chiqui dijo...

Miguel, qué buen provecho le sacas al diario digital de Burgos y qué casualidad que estuviéramos hablando de hacer el camino de Santiago y traigas esta anécdota que nos conecta con Corea donde Elvi se nos va...la vida, el mundo, es una pequeña tela de araña. Siempre me impresiona tu habilidad de buscar el dato sorprendente.

Chiqui dijo...

Elvi, ojala tuviera el secreto de prolongar el día, vaya, que las horas dieran más de sí o que nosotros las aprovecháramos mejor. A mí me alucina ver como se me va el tiempo sin haber hecho la mitad de lo que me propongo.

Chiqui dijo...

Prepararse para estar todo un mes en Corea, no de vacaciones sino con un plan trazado, debe de ser trabajo placentero pero trabajo al fin y al cabo. Seguro que estás haciendo más de lo que tú crees y por eso no te acuerdas de apuntarlo.

Yo estarIa nerviosIsima!

Elvira dijo...

Me acabas de dar una idea propia del huevo de Colón: hay que proponerse hacer menos y mejor.
Bonita la historia del coreano andariego y la coreana escritora. Tengo la impresión de que debe de ser un gran país -por su gente, claro- pero me pasa lo que a la coreana del Camino, que no sé el idioma y temo perderme mucho. Por eso, me preparo para desabrochar bien las orejas y los sentidos.

coco dijo...

Exacto: hay dos tipos de cosas: lo importante y lo urgente. Y hay que concentrarse en lo importante. Lo urgente, si nadie grita reclamándolo, seguro que no era tan urgente. Y si te da enamoras, hay que dejar todo lo demás: porque es importante, urgente, y además mola.
(El árbol abrazable era un chopo).

Elvirárbol dijo...

Sí que mola, coco; dicen que entontece, también, pero debe de ser para que compense tanta envidia que produce el ver a dos enamorados flipando por ahí.
Casi estaba segura de que se trataba de un chopo, pero debe de ser un ejemplar norteño. En Cataluña, los llamados chopos del país, son menos imponentes, aunque muy bonitos también. Yo, en vez de leer en braille (¡!) lo que hago es acompasar mis latidos a los suyos: un ciprés, en este caso; me dá ánimos.

Elvipasming dijo...

Miguel, ¿aún no te he dicho lo que me ha divertido la historia de los coreanos compostelanos? Tienes recursos para todo; eres admirable.

Elvira dijo...

Lo importante y lo urgente dices, coco. Y qué bien dicho en tan poco espacio.

Chiqui dijo...

Elvi, Coco tiene esa rara cualidad de 'si menos escribe más dice' y sube la intensidad de su prosa. Me alegra verlo por aquí! Pero no me lo quites...Vaya, no es que lo tenga.