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Galileo Galilei |
Los chistes y comentarios que he visto y oído tampoco llevan carga de mal de ojo o de terribles deseos a los afortunados receptores de tales sueldos. Pero sí, toneladas de melancolía. Especialmente en el caso de Felipe (¿se acuerda alguien de cuando todos le llamaban así?) Escribe Andrés Trapiello, en El Cultural de la semana pasada: "Muchos simples recordarán acaso a la luz de un hecho tan humano como éste, los bellos y elocuentes discursos de aquel hombre, y dirán ahora, como Hamlet, "palabras, palabras, palabras." Pero a otros el ser simples no nos hace hamletianos: sabemos que hay palabras que no nacen del interés o del provecho propio. Y eso, por paradójioco que parezca, nos permite tomárnoslo todo con bastante humor, sin duda porque seguimos siendo pobres, quiero decir, libres". Y menciona luego a Pablo Iglesias y a Unamuno.
Sí, pobres, sin duda. Y libres para administrar nuestra pobreza. Que sigan los que predican riendo a mandibula batiente, en sus fiestas lujosas, ajenos al dolor de los demás. Siempre habrá algún Hamlet que, mirada en lontananza y a media voz, como Galileo ante el Tribunal de la Inquisición, nombre las cosas por la palabra exacta.