lunes, 14 de junio de 2010

Su Serenidad el Vino

Asistí el viernes pasado a la cuadragésimo cuarta ceremonia de investidura de doce aspirantes ilustres a caballeros del Serenísimo Capítulo del Vino, celebrada en Hostalric (Barcelona), entre los muros de una fortificación medieval, de vida azarosa y aire un tanto castrense y romántico, recuperada en 1967 por el padre de su actual dueño, Joaquín Gay Montellá, quien casualmente preside este año el citado Capítulo.
Había llevado conmigo el cuaderno de notas que me regaló Amalia, que llamaba la atención de los curiosos asistentes al acto, bien vestidos todos, incluso yo, debo admitir.
Entre los elegidos figuraba Rosa María Esteva, una empresaria barcelonesa, hermana de su adorado Jacinto, hombre de letras que decidió morir joven por la vía rápida, hace ya unos cuantos años. Rosa es una mujer dinámica y valiente, dotada para los negocios. Tiene un famoso hotel en Barna, el Omm de resonancias budistas, y muchos restaurantes y bares repartidos por la ciudad condal y hasta en Madrid: Tragaluz es el mascarón de proa, pero enfrente se encuentra El Japonés. Me han  hablado muy bien de El Chino, Agua, Lobo... En Madrid, Bar Tomate, frente al Embassy, un local que resuena al espionaje que proliferó entre la guerra civil española y la segunda guerra mundial, cerca del Paseo de la Castellana.
En la introducción, un locutor alto y apuesto (así, en sentido literal y convencional) nos desasnó en relación al castro. Durante la Guerra de la Independencia contra los franceses, alias gabachos, Hostalric fue el último sitio que éstos abandonaron, ya en 1814. No se querían ir. Se nos informó que la población fue la primera de toda España que se rindió al enemigo. Gente de carácter práctico, sin duda. No como los borricos de los madrileños que no llegaron a rendirse jamás, lo que les costó unos famosos fusilamientos.
¡Qué bonito todo! La ceremonia fue de graciosa solemnidad, como corresponde a una idea de su primer caballero investido: Salvador Dalí. Lástima que en esos periódicos no se estilara poner fotos.
 Los miembros del Capítulo se hicieron esperar un ratito para aparecer radiantes, vestidos con largas capas púrpura forradas de armiño (sintético, ya que son, además, defensores de los animales) mientras una música de Verdi acompasaba el avance a la palestra.Ya se harán ustedes cargo de la escena con Dalí como inspirador.
Total, como iba diciendo, el tipo de voz engolada dio paso después al Heraldo, encargado de nombrar a los escogidos, uno por uno, para que comparecieran, cargados con la pesada púrpura, a recibir la medalla (de un par de arrobas de peso también) y el golpecito en los dos hombros que los iba consagrando. El primero en comparecer y al que tocó la responsabilidad de decir un discurso, fue LG. Con una pasmosa calma, serio como si la cosa lo fuera, ajeno a la tentación de tomar una actitud de broma, dijo sus palabras, ayudándose en Velázquez ("Los Borrachos"), Platón y Sócrates (El Banquete) y otros argumentos de creación personal que encandilaron al público que respondió con aplauso atronante.
Otro de los engalanados era el Conseller de Agricultura de la Generalidad de Cataluña, al que se trabó la capa, dando la impresión de que se resistía a devolverla, el muy pillín.
Con sus medallas y sus diplomas, los muy serenísimos caballeros y dama, junto con el respetable que abarrotaba la sala noble del castillo, nos disposimos a dar buena cuenta de una soberana cena regada de caldos de rechupete, como podrán ustedes suponer, que arruinaron los mejores deseos de mantener una dieta de reducción de michelines. La vida.

10 comentarios:

Elvira dijo...

Amalia, te he puesto uncomentario en lo de la Feria del Libro que, por cierto, acabó ayer. Hoy andan los operarios recogiendo casetas y paquetones pesados de libros. Imagen melancólica en un Parque del Retiro nublinoso y con lloviznas. Imagino.

Chiqui dijo...

Elvi, muy gracioso. Qué tarea tienen que cumplir estos caballeros, y damas, del vino? Me imagino que beber mucho, para dar buen ejemplo.

Me habría encantado estar en la ceremonia, total mi dieta empieza hoy, me habría atiborrado.

Elvira dijo...

Han de jurar fidelidad al vino ante cualquier circunstancia por adversa que ésta sea. Ya ves: una dura tarea cuando el vino es excelente, sobre todo. Sí, creo que habrías disfrutado de lo lindo.

amalia dijo...

Lo leí Elvira, me gusta M.,no me resulta pesado, pero reconozco que puede dar pereza...
Si tuviera un blog comentaría que comí unas cerezas deliciosas servidas en una estrella de mar iridiscente que me regaló Elvira.
Y esa reunión suena a masonería!!!!!!!!!!!!!!!

Elvira dijo...

Juegan a masones, sí; pero todo queda en travesuras. Buen vino y buena comida. Me acuerdo de un periodista español, Xavier Domingo, en otra vida, que escribió un libro -quizá el último- que se titulaba: "Cuando sólo nos queda la comida". Suena a triste a más no poder, ¿no?

Chiqui dijo...

Pues sí,Elvi, suena tristísimo pero podría ser peor 'cuando sólo nos queda la bebida'.

Chiqui dijo...

Amalia, deje esta respuesta en mi blog. Ahora me doy cuenta que ley tu comentario aqui!
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Amalia, te acordarías de mi mientras comías esa cerezas?
Lo de llamarse Estrella tienes más ventajas que inconvenientes

amalia dijo...

Claro que sí, Chiqui! Cada vez que de Estrellas se trata, pienso en tí!
Hasta el otro día, ayudando a mi hijo en latín, me vino a la mente un nombre que en Argentina está muy en desuso: Stella Maris. Un tanto cursi como nombre, pero hermoso de imaginar.
Espero comentarios sobre tu fin de semana...
Elvi no me imagino una situación adversa concreta en la que alguien necesite defender al vino; será que soy prácticamente abstemia.

Elvira dijo...

Ayudas en latín a tu hijo, Amalia. ¡Latín! Soy consciente del componente algo hipócrita de mi afirmación (porque me suspendían a menudo) pero lo añoro. En España ya nadie sabe qué sea tal cosa. Latin: la madre de todas las lenguas.

Chiqui dijo...

Queridos, no cuento nada nuevo - por ahora - pero tego mas arte en mi blog!