martes, 12 de octubre de 2010

Un encuentro extraordinario

Todo estaba bien planeado y salió bien. Al fin una historia que acaba como Dios manda (olvídense ahora de las fórmulas modernas; esto se ha dicho así de toda la vida y funciona). Había que compartir un cocido madrileño en Toledo, lo que le cambiaba el gentilicio a cocido toledano. También se agradece que a Toledo no se le asocie siempre con una mala experiencia tipo: noche toledana, por ejemplo. O, más graciosamente: "no seas bolo como los de Toledo".
La heroica cocinera, Chari, ha tenido buenos pinches, hay que decirlo, entre ellos a Quique, quien evitó a tiempo que le cayera a la sopa otro kilo de fideos que la habría convertido en un engrudo imposible de tragar. Sopa y resto del cocido estaban riquísimos, por cierto.
Habían anunciado su asistencia ilustres comensales venidos desde Lanzarote, Málaga, Valladolid, Madrid y Granada, sin contar con los toledanos. En total, unas tropecientas personas entre perros, niños, primos, gatos y cónyuges. Una delicia. Se comió, se bebió, se charló, se voceó, se cantó y se bailó. Sobre todo, nos abrazamos los que llevábamos tiempo sin vernos. Y los que no, también. En esta familia, falta tiempo para abrazarse y darse sonoros besos de esos que avergonzaban tanto de chicos.
Es raro lo que sucede cuando llevo tanto tiempo sin ver a mis primos de Málaga, porque es como si me hubiera separado de mi familia más cercana, de mi propia infancia, y, pasado mucho tiempo, como ocurre en los mejores melodramas antiguos, nos reencontráramos. Y es raro porque no nos hemos perdido ni hemos estado ausentes en tierras lejanas ni hemos ido a hacer las Américas ni hemos estado enfadados, sin hablarnos, que serían motivos muy claros de alejamiento.
Es la vida la que aleja a la gente que se quiere: las vidas de cada uno, las circunstancias, los lugares a los que cada cual se va desplazando según necesidades o preferencias. De ahí lo de reencontrarse con la infancia y todo lo que lleva eso encima de peso. Bueno y del otro.
Tenía que contarlo esta tarde lluviosa desde el molino solitario, donde los nenúfares han vuelto a florecer y los kois nadan jubilosos entre las ondas que forman los goterones de agua caída del cielo. Se está bien dentro, sentada a la mesa del escritorio, junto a la ventana, mientras oigo el sonido de la lluvia y me alumbra la lámpara de luz cálida bañando de amarillo el papel electrónico que utilizo y el pelo de Dante, negro como la noche negra.
Escribo para felicitarme por formar parte de esta familia; por la herencia recibida, tan millonaria.
En agradecimiento.

7 comentarios:

Elvira dijo...

¿Alguien sabe para qué demonios sirven las cookies y cómo se activan? Con tal pretexto, el sistema no me ha dejado poner una foto. ¡No t'amuela!

Chiqui dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Chiqui dijo...

Yo sé hacerlo pero no explicarlo. Mándame los Cookies , esos fideos que mencionaste me han abierto un apetito difícil de contentar con la cena de esta noche. Huevos con pisto a la americana!

Chiqui dijo...

La de arriba soy yo. Puse una errata y no quería que me riñeras...

Elvira dijo...

Pisto a la americana, pues no suena nada mal. ¿Cómo iba yo a regañarte, Estrellita linda? Sería una desalmada si lo hiciera. Recuérdamelo cuando pase.

Chiqui dijo...

Pues no suena mal pero no sabe a nada. Ya sabes lo bonito que se ve todo en los super pero de gusto bien poco. Por eso lo llamo 'a la americana' porque es bien soso, por mas sal que le ponga.

Chiqui dijo...

Y no te digo la falta de cenas familiares como la tuya, solo cuando alguien cumple 100 anios!