En 1680 se plantó este plátano que, según la wiki, responde al aria suprema de la ópera Jerjes, de Haendel, de la que os dejé una muestra en la anterior entrada. En la enciclopedia electrónica hay también una muestra de la canción, en voz de Carusso; pero claro, la idea de Haendel iba para una voz blanca, ideal para castrato o, en su versión moderna, contratenor.
Entre los que más me gustan, hay dos: Andreas Scholl y Philippe Jaroussky. Este último tiene unas interpretaciones de arias operísticas de Vivaldi que son una joya auténtica, aunque ya sé que caigo en la debilidad de la moda, de lo que me acusa mi buen amigo Jorge González Giner, mi crítico musical preferido y antiguo compañero de programas de radio. Such is life, though!
Las óperas enteras me suelen parecer un latazo insoportable, pero hay momentos sublimes que llegan a lo más hondo de los sentidos. En este caso, que el rey Jerjes dedique una mirada amorosa a un árbol y lo proteja con sus jaculatorias me gusta especialmente, porque los árboles cuando son llamados por sus nombres, resultan las criaturas más conmovedoras con las que se pueda hablar.
Confieso que a menudo lo hago cuando paseo por el bosque a las horas en que aún no se la disipado la niebla y el aire es tan húmedo que deja mojados la cara y el cabello.
Esta fotografía está tomada seguramente en primavera, cuando las hojas aún tienen que crecer y el verde refulge, pero estamos en otoño. Amarillean con retraso los plátanos y los fresnos, castaños y acacias, arces y gingkos. También se rinden los insectos al fin de sus ciclos, como este ejemplar de libélula a la que los peces de la fuente chupaban las escamaciones del abdomen.
Entre los que más me gustan, hay dos: Andreas Scholl y Philippe Jaroussky. Este último tiene unas interpretaciones de arias operísticas de Vivaldi que son una joya auténtica, aunque ya sé que caigo en la debilidad de la moda, de lo que me acusa mi buen amigo Jorge González Giner, mi crítico musical preferido y antiguo compañero de programas de radio. Such is life, though!
Las óperas enteras me suelen parecer un latazo insoportable, pero hay momentos sublimes que llegan a lo más hondo de los sentidos. En este caso, que el rey Jerjes dedique una mirada amorosa a un árbol y lo proteja con sus jaculatorias me gusta especialmente, porque los árboles cuando son llamados por sus nombres, resultan las criaturas más conmovedoras con las que se pueda hablar.

Esta fotografía está tomada seguramente en primavera, cuando las hojas aún tienen que crecer y el verde refulge, pero estamos en otoño. Amarillean con retraso los plátanos y los fresnos, castaños y acacias, arces y gingkos. También se rinden los insectos al fin de sus ciclos, como este ejemplar de libélula a la que los peces de la fuente chupaban las escamaciones del abdomen.