Nevó: año de nieves, año de bienes. No me ha tocado la lotería, una vez más, pero ha nevado trayendo a mi hogar el frío que produce la calefacción cuando abandona, la oscuridad de las bombillas apagadas a la fuerza y el aplazamiento de la ducha para cuando se arreglen las cosas. En algún punto del camino, donde el blanco ha borrado lindes y cunetas, quizá escondido bajo kilos de agua helada, debe de haber un cable roto, partido por el frío y el peso soportados. Y ese cable, amigos míos, iba derechito a mi casa. Pero no he sido la única deslucida sino que muchos miles se han visto en las mismas.
Notas del Molí del Salt, Vimbodí, desde la campiña que rodea la abadía de Poblet
sábado, 9 de enero de 2010
Un manto helado
Nevó: año de nieves, año de bienes. No me ha tocado la lotería, una vez más, pero ha nevado trayendo a mi hogar el frío que produce la calefacción cuando abandona, la oscuridad de las bombillas apagadas a la fuerza y el aplazamiento de la ducha para cuando se arreglen las cosas. En algún punto del camino, donde el blanco ha borrado lindes y cunetas, quizá escondido bajo kilos de agua helada, debe de haber un cable roto, partido por el frío y el peso soportados. Y ese cable, amigos míos, iba derechito a mi casa. Pero no he sido la única deslucida sino que muchos miles se han visto en las mismas.
domingo, 3 de enero de 2010
Meditación
Da una pereza tan grande que obliga a aplazar la tarea con cualquier excusa. Me tomaré antes un café, veré este documental y luego... me acabo el periódico y ya lo hago. Sin embargo, tengo para mí que fregar los cacharros de la cocina es un trabajo meditativo y relajante. Por eso me niego a comprar un lavavajillas, y eso que lo ví en casa desde niña, pero no entró en mí esa educación del electrodoméstico. Así que, ajusto la temperatura del agua, acopio un jabón amable con el medio ambiente y un estropajo blando con esponja, y empiezo a enjabonar con el agua contenida en uno de los cacharros casi limpios para poder cerrar el grifo hasta que necesite agua clara para enjuagar. Uno a uno, van apilándose los platos enjabonados -al ritmo de la respiración-, y uno a uno se escurre la espuma bajo el fino chorro templado hasta quedar limpios y ocupar su puesto en el escurreplatos, junto al fregadero. Los cubiertos exigen mucha atención so pena de quedar migajas pringosas entre las púas de los tenedores o pegotes en la hoja de los cuchillos. Nada raro: más de una vez me he encontrado con alguna sorpresa de esas. Uno a uno, van cayendo al montón, en el fondo de la pila de mármol, siguiendo el compás, como los flamencos en el martinete, hasta que el agua define sus perfiles y los deja listos para ocupar el escurrecubiertos. Vasos relimpios centellean ya en el escurrevasos cuando con el estropajo de niquel remato la faena empleándome a fondo con la cazuela y la sartén, las más rebeldes del fregadero. Al cabo de unos minutos, vuelve el silencio a la cocina. Y mi alma, sosegada. La frase puede recordar a San Juan, pero es Santa Teresa la que habla de las cazuelas. Tarea humilde que conduce a lo alto es maravilla. ¡Por el 10! Por ustedes.
miércoles, 30 de diciembre de 2009
Por un agradable año nuevo
Seguramente, andaba buscando sus avellanas escondidas en alguna parte, como yo cuando busco mis gafas, también aparentemente escondidas en alguna parte. Me sentí unida a ella por la misma cabeza de chorlito, de modo que le susurré suavemente, temía asustarla, un "feliz año nuevo" que le gustó mucho. Lo sé porque me sonrió. Un día muy agradable.
miércoles, 23 de diciembre de 2009
El apagón

¿Se acuerdan del apagón eléctrico acaecido en la magna ciudad de Nueva York (New York) hace una pila de años que -dicen- provocó el nacimiento de muchas criaturas debido a que no se supo nada mejor que hacer en el rato que duró? Bien. Pues esta misma mañana, en el noble pueblo de Espluga de Francolí, a donde me dirigí, en medio de la lluvia, a comprar unas viandas, encontré que el colmado estaba fermé, ¿por qué? pues porque no había luz y no podían usar ni la báscula ni la caja registradora. Me lo comunicó una joven cajera, con su delantalito y su coleta de melena oscura, componiendo un ademán de "como verá usted, razones no nos faltan". De modo, amigos, que ahí me tienen, con cara de pazguata, la boca abierta y el cestillo vacío, la lista de la compra esgrimida en la mano izquierda, de pie en la acera, a la intemperie, deseando que eso no durara más de unos minutos. Pero duró más. De vuelta a casa observé que los chinos estaban abiertos. Se me ha roto la pala de recoger los bombones de los gatos así que me pasé a ver si ellos sí podían atenderme. Había cola. Encontré una palita de plástico agujereada por 0,75 cents, pagué, desée felices pascuas a quienes me atendieron y me volví a casa convencida de que, aunque se vaya la luz, los chinos gobernarán la tierra. ¿Se acuerdan de cuando Mafalda, en medio de la noche, se acerca a la cama de sus progenitores para preguntarle a su padre: "Papi: ¿es siérto que mientras nosotros acá dormimos, los chinos, allá, están despiértos?" Pues, que nos coja confesaos.
lunes, 21 de diciembre de 2009

jueves, 10 de diciembre de 2009
Los viejos piratas nunca mueren

jueves, 3 de diciembre de 2009
Tumulto filipino

Suena una guitarra bien tocada y una voz al compás que canta canciones de los Beatles y de Cat Stevens, de Simon & Garfunkel y de Mamas and the Papas. Un joven filipino toca y canta desde un rincón apartado, casi invisible, y la luna hace su aparición detrás de una gran montaña que emerge directamente del mar. Luna llena sobre el Pacífico en la isla de Palawan. El viento agita suavemente las largas hojas de esas palmeras cocoteras, gráciles, como de tarjeta antigua. Una velada de descanso en uno de esos resorts para turistas ricos. Suena el mar y las conversaciones que se van enlazando entre los que frecuentan el bar, a la orilla del agua, algo agitada por una brisa que está tentada de dejar de ser suave. Conversaciones en un inglés raro, internacional, con dejes indios, combinado con español y tagalo.
Filipinas, Pilipinas. Una jota que parece un pasodoble; una habanera que parece una copla. Ya escribiré más cuando tenga luz y me encuentre sola. Ahora hay mucho barullo alrededor. Perdonadme.