La voz transparente de Kiri te Kanawa llena el espacio que va desde el jardin hasta el teclado de mi PC, como si ese timbre de ángeles se aliara con los rayos del sol, amagando entradas y salidas por las ventanas, en un juego propio de la siesta del fauno.
He querido fotografiar esas ventanas, la semisombra veraniega de la mañana, el aroma de las primeras lilas y peonias, la placidez de Kenia sobre mis piernas, el calor de su cabeza cuando roza mi brazo derecho, manos sobre el teclado. A Kenia le encantan las lieder de Strauss que suenan por Radio Clásica.
Ando a la espera de conocer el resultado del referendum islandés, pero me acabo de enterar de que no habrá resultados hasta el domingo por la mañana. No importa; no hay prisa.
Pero no me demoraré en esta entrega, porque me quedan lecturas varias de diarios y un catálogo de Xavier Corberó, de quien ya les tengo informados.
En cuanto al bancal, va despacio pero seguro.En esta foto, podrán comprobar varias diferencias con respecto a la fotografía anterior:
1. Como Sergi no está, la ventana de su cuarto permanece cerrada.
2. Hay más tierra en el bancal, ya casi lleno y protegido con plásticos para que no se me llene de hierbajos.
3. El pequeño huerto está rodeado por una malla para evitar que los jabalíes se zampen las plántulas (aunque en esta foto, aún no estaba acabado el corralito).
4. Que se ha tenido que talar el pino -buahh- porque amenazaba a higueras y casa.
5. Que he tenido que rodear con un alambre las cerámicas porque no me quedaron muy allá sólo con los pinchos de hierro, jo.
Y así.
Hombre, qué bien: ahora empieza una ópera bufa de Rossini.

