jueves, 2 de febrero de 2012

Wislawa Szymborska ha muerto


Le dieron el Nobel en 1996. Era polaca, de nombre difícil para la mayoría de nosotros. Tenía 88 y un cáncer de pulmón debido, quizás, a su afición por el fumeteo.

Me gusta este poema, de lo último que escribió, que han traducido así a inglés Cavanagh y Baranczak:

Die — You can’t do that to a cat.

Since what can a cat do

in an empty apartment?

Climb the walls?

Rub up against the furniture?

Nothing seems different here,

but nothing is the same.

Nothing has been moved,

but there’s more space.

And at nighttime no lamps are lit.

Footsteps on the staircase,

but they’re new ones.

The hand that puts fish on the saucer

has changed, too.

Something doesn’t start

at its usual time.

Something doesn’t happen

as it should. Someone was always, always here,

then suddenly disappeared

and stubbornly stays disappeared.



Había sido joven, claro; y bella

viernes, 27 de enero de 2012

De coles y violetas

Col mordisqueada de mi bancal
He recogido algunas verduras del huerto ecológico y compruebo que la oruga de la col se ha puesto como el Quico con este hermoso ejemplar. No importa; desde el principio quedamos en que la compartiríamos dado que soy admiradora de ese insecto cuando se hace mariposa y se convierte en la blanca de la col. Eso es en la primavera temprana, cuando alegra el aire revoloteando a placer con sus amigotas. Con este tiempo de calentamiento global que hace igual la veo pronto por aquí.
La col está rica de todas formas, y sólo tengo que prescindir de un par de hojas o tres. ¿Qué importa si eso la hace feliz y, de paso, también a mi? Me pregunto cuántas infelicidades podrían borrarse de la Tierra si los humanos fuéramos más razonables en el reparto del botín que da la naturaleza. Pero sé de antemano que esta idea es vieja y más vieja aún su contraparte: la interminable avaricia del ser humano. De muchos seres humanos. Se habla del hecho de que cada vez hay más pobres, de lo incapaz que es la especie humana de desterrar la miseria  pero ¿sabemos por qué? ¿No será porque cada vez hay más que quieren ser ricos? Y lo consiguen a base de dejar morir de hambre a las orugas de la Blanca de la col. Digo morir de hambre, pero lo más triste es que las matan directamente. Qué hartazgo de humanidad, de verdad.
Violetas africanas
Como han caído cuatro gotas he sacado la maceta de las violetas a que les dé el aire un rato. Un detalle del astro de las tormentas ha hecho que cuando iba a fotografiarlas para subirlas a este sitio lucieran sus rayos invernales lo justo para el momento. El sol ha experimentado fuertes tormentas, al parecer, que han dado una fiesta celeste a los habitantes más septentrionales: la aurora boreal. Al parecer, también en la Antártida. Las imágenes que han mostrado la tele eran para flipar. Es posible que pueda rescatar alguna y verán -si no lo han visto ya- un espectáculo de verdad asombroso. Desde los años escolares en que me fijé en la foto que iluminaba la lección de fenómenos atmosféricos y el clima no había visto nada igual.
Mientras tanto, enero se va marchando. Resulta que el 25 fue mi santo. La pobre Santa Elvira, virgen y mártir, pasa desapercibida incluso para sus tocayas. A ver cómo da la cara febrerillo, más largo este año.

Aurora boreal sobre un bosque de coníferas

jueves, 12 de enero de 2012

El roscón


Tomó su tiempo y encerró su misterio el roscón de este año. La sorpresa salió muy pronto, casi nada más empezar a cortarlo. Una moneda de oro para atraer a la suerte, o sea, al trabajo. En realidad se trataba de una moneda nueva y brillante, de cobre, de algún país ignoto que por alguna razón yo conservaba metida en un vaso de metal, regalo de un comerciante sirio, de cuando Siria no estaba martirizada por su tirano.
El misterio es dónde habrá terminado el haba y a quién le tocaría. La tradición dice que si te toca el haba, tienes que ocuparte tú del siguiente roscón, el de los Reyes próximos. Para mí que ha habido silencio por parte del afortunado o afortunada que lo encontró. Y, sin embargo, se trata de un hallazgo valioso.
Desde que alguien me leyó -¿o lo hice yo misma?- el cuento de las habas mágicas y el gigante ogro del que apenas me acuerdo, esa leguminosa me resulta atractiva, no tanto para comerla, que también, cuanto para guardarla, oscura y sobada, en algún bolsillo donde pueda encontrarme con ella por sorpresa.
Confesaré que había sustituido el haba estaba por una judía roja, que era lo único que tenía en la despensa cuando metí las sorpresas en el bollo. No creo que me tome mucho tiempo desentrañar el misterio, pero sospecho que la sustitución del fruto puede tener algo que ver con su desaparición.
El roscón estaba rico. 

miércoles, 4 de enero de 2012

Aquellos emisarios misteriosos

Largo camino, largo trecho de infancia
Ajetreo y nervios la noche del 5 de enero. Aún  cuando por la edad, las sospechas sobre su auténtica identidad empezaban a crecer como los hongos en el bosque de otoño. Los polvorones sobre la mesa del comedor, las copitas de anís (cognac para Melchor, que es de gustos clásicos) y algo de paja para los camellos en el suelo, a las patas de la mesa. Esto nunca acabó de convencerme. Yo había sido alimentada con leche de camella en mi tierna infancia y por razones que no puedo explicar, no me imaginaba a las camellas zampando paja, sino que las imaginaba, golosas, mucho más aficionadas al turrón que a otra cosa.
He colgado lamparillas de luz de las ramas desnudas de los fresnos y entre los granados y los palosantos. En Molino está bonito esta Navidad, acogedor, cálido. La gente lo ha pasado en grande. Ahora, en el silencio invernal, lejanos los ecos de las voces festivas, a los misteriosos magos de Oriente les vendrán bien las llamitas que cuelgan de las ramas, tenues pero brillantes, como luciérnagas atrapadas en el cristal.
Que los Reyes Magos, Sus Majestades de Oriente, os traigan destellos de felicidad, los mejores regalos, salud y paz para todos. Y si, además, os toca algo en la Lotería del Niño, miel sobre hojuelas. No me vendría mal a mí tampoco, pero no pido tanto. Mi deseo escondido y silencioso, ya lo saben ellos. Y yo sé, porque les conozco desde hace muuuucho tiempo, que lo tendrán en cuenta y harán cuanto puedan.
Good night, sleep tight! en esa noche de las maravillas. 



miércoles, 7 de diciembre de 2011

Boletus y endrinas para el otoño

Endrinas, membrillos y tres bellotas del camino
He reanudado los paseos diarios por el campo. En los alrededores del molino, el paisaje se ilumina cuando el sol pega contra las hojas que aún resisten de las viñas: carmesí y gualda, sepia y glauco, blancos diversos y sienas... Aunque en ocasiones el viento corta el cutis, aún se dejan los caminos patear por los espigadores de frutos de otoño, como yo. Aunque novata en este deporte, me había prometido no dejar pasar noviembre sin cosechar una buena cantidad de endrinas con vistas a hacer un buen pacharán. Hay por casa un orujo añejo, tanto que ni sé cuánto tiempo lleva ahí, que está pidiendo buena compaña. Un año ya hice la prueba con Marie Brizzard y no me salió malo. Seguramente es una herejía lo que hice, de modo que este año seré más ortodoxa.
Ya de paso, en otro paseo, muy intencionado, ya que fui pertrechada de cesta, cuchillo y guía de micólogo, me adentré en el bosque para comprobar si, en efecto, este año era mal año de setas. Me temo que así es. Las pocas lluvias y su tardanza en caer cuando cayeron, han ocultado las setas, aunque los hongos estén bajo tierra preparándose para el año próximo, o eso espero. Con todo, llegamos a reunir unos cuantos bolets de bou, como los llaman en esta parte de Cataluña, que, mirando en mi guía, parecen unos boletus piperatus, no muy apreciados pero que se dejan comer. Claro, nada que ver con los edulis deliciosos de los bosques de robles y hayas. Espero que tampoco con los llamados "mataparents", a los que se parecen. El caso es que, tras verificación fehaciente por Pere Sagués, mi vecino, que es quien sabe de esto y de la caza del jabalí, los he cocinado y congelado en bolsitas para guisos invernales.
El licor aún no lo he hecho. Tengan en cuenta que tardaré de dos a tres meses en dejarse probar. Ya iré contando. Vale (despedida latina).
Los bolets y unas carnets que me dio Sagués, encontrados en La Mata.

viernes, 25 de noviembre de 2011

Es un cielo Madrid, y sonríe

Palacio de Cristal, en El Retiro
Querido Molino:

te escribo desde Madrid. Estoy en un hotel de la Gran Vía y, aunque la calle es ruidosa, las ventanas de mi habitación paran el bullicio para que no me moleste. Está genial Madrid, tan animada, tan incansable. Como hormigas, la gente no para quieta en su deambular presuroso para hacer recados, llegar a tiempo a una reunión, buscar la salida más conveniente del metro, preguntar por alguna dirección. Cuando cae la noche y se enfría la calle, iluminan Madrid las caras de los que quieren tomar una copa entre amigos o ver una buena película, asistir a una obra de teatro, en algún teatrito de los cientos que ocupan los rincones más ocultos, algún concierto, un recital de poesía, tal vez. Madrid se despliega en una enorme explanada que ofrece -como en el Rastro al que cantaba Patxi Andion- lo que quiera cada cual.
Esperando el metro cuando la huelga
Me gusta Madrid, donde el tópico de ciudad abierta se ajusta como un guante a la realidad, donde nadie te mira para incomodarte, donde quizás puedan pisarte el pie, sin querer, pero ya vuelven a pedir perdón, ofrecer el asiento en el metro, ceder el paso de una puerta... Y no a un señor mayor sino a cualquiera, a un chico de cresta, también.
No creas que debas sentirte celoso por lo que te cuento, Molinillo. Tú eres tan bonito que no se trata de hacer comparaciones. Solamente quería que supieras que Madrid me trata bien, me acoge y me ofrece una cara sonriente y esperanzadora. Nos viene bien eso, Molino, a ti y a mí. Por eso es bueno que lo sepas.

miércoles, 9 de noviembre de 2011

Al fin, la lluvia


Llueve sobre el estanque

El Molino bebe por fin el agua anhelada desde hace meses. Los kois saltan de un lado a otro del estanque de pura alegría. No ha sido mucha lluvia: han caído centenares de litros por todas partes pero aquí, apenas unas cuantas decenas. No importa; el Molino no es avaricioso, por eso ahora se siente tan feliz. Por la misma razón le ha dejado indiferente el debate acartonado que prepararon políticos y periodistas el lunes, 7 de noviembre, en televisión, muy al gusto norteamericano pero sin la brasa de los yanquis y con una puesta en escena pretenciosa y distante. Despilfarradora y fea.


Roca sobre azúl


Manca finezza en España para todo. Sin embargo, el Molino flota por encima de esa prosa malsonante de la carrera por el control de la miseria española. Es ligero como una pluma de golondrina. Cuando necesito liberarme del fardo que me machaca la espalda y me aplasta el corazón, me gusta escapar al Molino para que me contagie ese aire ajeno al plomo y al azufre que nos invade.
Es como abrir los ensayos de Montaigne, leer un poema de Antonio Machado, ver Qué bello es vivir o escuchar un aria de Mozart. La belleza está expuesta siempre a los ojos que saben mirar y a los oídos que escuchan con el corazón. Pero el empeño gigante de los aplastadores que pagan mal el trabajo, como en China; que rascan avariciosamente los bolsillos de los pobres para engordar sus panzas millonarias, como hace Alemania cuya deuda -superior a la española- la hace pagar al 1 por ciento (frente al 18 por ciento de la deuda griega).


El salto del Molino

Pero dejemos esto que suena inevitablemente a demagogia. Hasta en eso nos la tienen ganada.  La palabra, retorcida por pillos y sinvergüenzas. ¿Quién ha dado permiso para que sólo puedan dar la brasa los PP y los PSOE? ¿Dónde han preguntado al puto pueblo soberano si eso es decente? Seguiré votando fuera de la norma, desde luego. Les dejo estas fotografías del Molino para que se relajen.