jueves, 22 de marzo de 2012

Antagonía, entra en un libro, al fin

Han tenido que pasar años desde que salió la primera tanda de páginas de Antagonía, de Luis Goytisolo, a la que siguieron otras tres, a lo largo de 17 años. El benefactor ha sido un editor de una pieza, Jorge Herralde, que ha querido así festejar los 500 números de la colección Narrativas Hispánicas, de Anagrama, la gran editorial de referencia en España.
Lo cierto es que Antagonía encierra en sus 1.112 páginas, diez novelas, y no cuatro, como pudiera parecer al haberse publicado en cuatro volúmenes. Se trata de la obra de su vida, destacada y aplaudida al principio, pero también silenciada y casi oculta detrás de las modas que se produjeron en España durante los años setenta en que los autores del llamado "boom" americano invadieron librerías y atención mediática. Pero la vida es así; no siempre los que la merecen tienen suerte.
Con todo, LG está satisfecho de ver su criatura junta, unida, disponible para quien ame la aventura de leer. Se trata de una criatura pequeña, en realidad, diminuta si se comprende que comparte el espacio con los best sellers de toda laya a los que apoyan grandes campañas de marketing y enormes intereses de los medios de comunicación. Por eso infunde ternura ese tomazo de tapa dura que muestra en su portada la reflexión pictórica de José María Ballester: unas meninas velazqueñas ocultas como fantasmas que no quieren ser expuestos, a los que hay que adivinar respirando en los rincones oscuros.
El editor, que pone en orden su labor de toda una vida estos años de casi despedida, ya que Anagrama pasará poco a poco a manos de Feltrinelli, cierra un circulo de amistad con el autor. Ambos compartieron aula y orla desde que tenían doce años. Ni las diferencias de la vida adulta ni los malentendidos que a veces se producen debido a la distancia han dañado ese tándem. Emociona saber eso.
Cuando se apaguen las voces de la fiesta, cuando nadie permanezca en el jardín y sobrevenga el invierno y ya ni las flores ni los pájaros iluminen sus rincones, quedará Antagonía. Como un monumento silencioso y elocuente al mismo tiempo. Emociona.

sábado, 11 de febrero de 2012

Estar a gusto sin grandes ganancias ¿es posible?

Es una pregunta que se hacen muchos, quizás no banqueros ni empresarios punta pero sí el gentío normal y corriente. ¿Hasta dónde puede una empresa seguir creciendo, seguir ganando superávits de miles de millones? ¿Por qué debe hacer tal cosa? Sobre todo cuando sabemos que suele ser a costa del malestar, de la desgracia incluso, de mucha gente. ¿Por qué necesita un hombre ser el más rico del mundo o estar en el podium de los más ricos?  ¿Conviene al bien público que las empresas quieran crecer sin límites? La doctrina clásica dice que sí porque así se ofrecen buenos puestos de trabajo, sin embargo, a la que hay una crisis como ésta que nos atiza, los puestos de trabajo escasean entre otras cosas porque las empresas quieren seguir creciendo y tener cifras más altas e ganancias de año en año. Para eso, una de las actuaciones necesarias consiste en limpiar plantillas. O afeitarlas, si prefieren. Tó pa mí.
Recuerdo, hace años, que oí por la radio una noticia de una empresa sueca que repartía beneficios con sus currantes. No me acuerdo del nombre y no creo que se trate de Ikea, a juzgar por las lindezas que alguno de sus currantes me han contado. Pensé que la humanidad tenía esperanza y que otras empresas de otros países aprenderían a proceder decentemente. Y la alegría de vivir se extendería por el orbe. Pasado el tiempo, no parece que tal ejemplo haya cundido. Los ricos quieren -no sólo seguir siéndolo- ser más ricos cada vez. ¿Gastar olímpicamente en cultura, por ejemplo, en plan mecenas? Vamos, hombre; está usté loco.
Y sin embargo, ¿cuántas veces nos habremos figurado qué haríamos si nos tocara la lotería? Pero mucho, mucho dinero. Casi todo el mundo dice que pagar sus deudas, comprarse una casa, viajar por el mundo y cosas así. Nadie habla de invertir en cultura ni donar pasta a los pintores pobres. Eso, también.

jueves, 2 de febrero de 2012

Wislawa Szymborska ha muerto


Le dieron el Nobel en 1996. Era polaca, de nombre difícil para la mayoría de nosotros. Tenía 88 y un cáncer de pulmón debido, quizás, a su afición por el fumeteo.

Me gusta este poema, de lo último que escribió, que han traducido así a inglés Cavanagh y Baranczak:

Die — You can’t do that to a cat.

Since what can a cat do

in an empty apartment?

Climb the walls?

Rub up against the furniture?

Nothing seems different here,

but nothing is the same.

Nothing has been moved,

but there’s more space.

And at nighttime no lamps are lit.

Footsteps on the staircase,

but they’re new ones.

The hand that puts fish on the saucer

has changed, too.

Something doesn’t start

at its usual time.

Something doesn’t happen

as it should. Someone was always, always here,

then suddenly disappeared

and stubbornly stays disappeared.



Había sido joven, claro; y bella

viernes, 27 de enero de 2012

De coles y violetas

Col mordisqueada de mi bancal
He recogido algunas verduras del huerto ecológico y compruebo que la oruga de la col se ha puesto como el Quico con este hermoso ejemplar. No importa; desde el principio quedamos en que la compartiríamos dado que soy admiradora de ese insecto cuando se hace mariposa y se convierte en la blanca de la col. Eso es en la primavera temprana, cuando alegra el aire revoloteando a placer con sus amigotas. Con este tiempo de calentamiento global que hace igual la veo pronto por aquí.
La col está rica de todas formas, y sólo tengo que prescindir de un par de hojas o tres. ¿Qué importa si eso la hace feliz y, de paso, también a mi? Me pregunto cuántas infelicidades podrían borrarse de la Tierra si los humanos fuéramos más razonables en el reparto del botín que da la naturaleza. Pero sé de antemano que esta idea es vieja y más vieja aún su contraparte: la interminable avaricia del ser humano. De muchos seres humanos. Se habla del hecho de que cada vez hay más pobres, de lo incapaz que es la especie humana de desterrar la miseria  pero ¿sabemos por qué? ¿No será porque cada vez hay más que quieren ser ricos? Y lo consiguen a base de dejar morir de hambre a las orugas de la Blanca de la col. Digo morir de hambre, pero lo más triste es que las matan directamente. Qué hartazgo de humanidad, de verdad.
Violetas africanas
Como han caído cuatro gotas he sacado la maceta de las violetas a que les dé el aire un rato. Un detalle del astro de las tormentas ha hecho que cuando iba a fotografiarlas para subirlas a este sitio lucieran sus rayos invernales lo justo para el momento. El sol ha experimentado fuertes tormentas, al parecer, que han dado una fiesta celeste a los habitantes más septentrionales: la aurora boreal. Al parecer, también en la Antártida. Las imágenes que han mostrado la tele eran para flipar. Es posible que pueda rescatar alguna y verán -si no lo han visto ya- un espectáculo de verdad asombroso. Desde los años escolares en que me fijé en la foto que iluminaba la lección de fenómenos atmosféricos y el clima no había visto nada igual.
Mientras tanto, enero se va marchando. Resulta que el 25 fue mi santo. La pobre Santa Elvira, virgen y mártir, pasa desapercibida incluso para sus tocayas. A ver cómo da la cara febrerillo, más largo este año.

Aurora boreal sobre un bosque de coníferas

jueves, 12 de enero de 2012

El roscón


Tomó su tiempo y encerró su misterio el roscón de este año. La sorpresa salió muy pronto, casi nada más empezar a cortarlo. Una moneda de oro para atraer a la suerte, o sea, al trabajo. En realidad se trataba de una moneda nueva y brillante, de cobre, de algún país ignoto que por alguna razón yo conservaba metida en un vaso de metal, regalo de un comerciante sirio, de cuando Siria no estaba martirizada por su tirano.
El misterio es dónde habrá terminado el haba y a quién le tocaría. La tradición dice que si te toca el haba, tienes que ocuparte tú del siguiente roscón, el de los Reyes próximos. Para mí que ha habido silencio por parte del afortunado o afortunada que lo encontró. Y, sin embargo, se trata de un hallazgo valioso.
Desde que alguien me leyó -¿o lo hice yo misma?- el cuento de las habas mágicas y el gigante ogro del que apenas me acuerdo, esa leguminosa me resulta atractiva, no tanto para comerla, que también, cuanto para guardarla, oscura y sobada, en algún bolsillo donde pueda encontrarme con ella por sorpresa.
Confesaré que había sustituido el haba estaba por una judía roja, que era lo único que tenía en la despensa cuando metí las sorpresas en el bollo. No creo que me tome mucho tiempo desentrañar el misterio, pero sospecho que la sustitución del fruto puede tener algo que ver con su desaparición.
El roscón estaba rico. 

miércoles, 4 de enero de 2012

Aquellos emisarios misteriosos

Largo camino, largo trecho de infancia
Ajetreo y nervios la noche del 5 de enero. Aún  cuando por la edad, las sospechas sobre su auténtica identidad empezaban a crecer como los hongos en el bosque de otoño. Los polvorones sobre la mesa del comedor, las copitas de anís (cognac para Melchor, que es de gustos clásicos) y algo de paja para los camellos en el suelo, a las patas de la mesa. Esto nunca acabó de convencerme. Yo había sido alimentada con leche de camella en mi tierna infancia y por razones que no puedo explicar, no me imaginaba a las camellas zampando paja, sino que las imaginaba, golosas, mucho más aficionadas al turrón que a otra cosa.
He colgado lamparillas de luz de las ramas desnudas de los fresnos y entre los granados y los palosantos. En Molino está bonito esta Navidad, acogedor, cálido. La gente lo ha pasado en grande. Ahora, en el silencio invernal, lejanos los ecos de las voces festivas, a los misteriosos magos de Oriente les vendrán bien las llamitas que cuelgan de las ramas, tenues pero brillantes, como luciérnagas atrapadas en el cristal.
Que los Reyes Magos, Sus Majestades de Oriente, os traigan destellos de felicidad, los mejores regalos, salud y paz para todos. Y si, además, os toca algo en la Lotería del Niño, miel sobre hojuelas. No me vendría mal a mí tampoco, pero no pido tanto. Mi deseo escondido y silencioso, ya lo saben ellos. Y yo sé, porque les conozco desde hace muuuucho tiempo, que lo tendrán en cuenta y harán cuanto puedan.
Good night, sleep tight! en esa noche de las maravillas. 



miércoles, 7 de diciembre de 2011

Boletus y endrinas para el otoño

Endrinas, membrillos y tres bellotas del camino
He reanudado los paseos diarios por el campo. En los alrededores del molino, el paisaje se ilumina cuando el sol pega contra las hojas que aún resisten de las viñas: carmesí y gualda, sepia y glauco, blancos diversos y sienas... Aunque en ocasiones el viento corta el cutis, aún se dejan los caminos patear por los espigadores de frutos de otoño, como yo. Aunque novata en este deporte, me había prometido no dejar pasar noviembre sin cosechar una buena cantidad de endrinas con vistas a hacer un buen pacharán. Hay por casa un orujo añejo, tanto que ni sé cuánto tiempo lleva ahí, que está pidiendo buena compaña. Un año ya hice la prueba con Marie Brizzard y no me salió malo. Seguramente es una herejía lo que hice, de modo que este año seré más ortodoxa.
Ya de paso, en otro paseo, muy intencionado, ya que fui pertrechada de cesta, cuchillo y guía de micólogo, me adentré en el bosque para comprobar si, en efecto, este año era mal año de setas. Me temo que así es. Las pocas lluvias y su tardanza en caer cuando cayeron, han ocultado las setas, aunque los hongos estén bajo tierra preparándose para el año próximo, o eso espero. Con todo, llegamos a reunir unos cuantos bolets de bou, como los llaman en esta parte de Cataluña, que, mirando en mi guía, parecen unos boletus piperatus, no muy apreciados pero que se dejan comer. Claro, nada que ver con los edulis deliciosos de los bosques de robles y hayas. Espero que tampoco con los llamados "mataparents", a los que se parecen. El caso es que, tras verificación fehaciente por Pere Sagués, mi vecino, que es quien sabe de esto y de la caza del jabalí, los he cocinado y congelado en bolsitas para guisos invernales.
El licor aún no lo he hecho. Tengan en cuenta que tardaré de dos a tres meses en dejarse probar. Ya iré contando. Vale (despedida latina).
Los bolets y unas carnets que me dio Sagués, encontrados en La Mata.