sábado, 31 de mayo de 2014

Como agua de mayo

La última lluvia de mayo en el Molí
El último día de mayo ha amanecido soleado y con lluvia, aunque en la foto no se aprecie el sol. Ha sido un regalo de mayo antes de salir para siempre de nuestras vidas. No volverá este mayo de 2014 nunca más. Se preparan muchas actividades este año en el Molino: bicicletas, yoga, andanzas y danzaderas. Será un verano de ensaladas eco y festines veganos. Aprenderemos juntos a hacer, a disfrutar y a vivir unos días.
Reflejos del sol en el estanque
Después, pasado el verano, tiempo habrá de evocar los buenos ratos pasados. En el silencio del jardín, en compañía de los atareados animales que buscan la hora de partir, como cada verano a algún sitio más cálido de Africa, donde el otoño sea menos castigador. Pero eso será después; no adelantemos acontecimientos. Vivamos el presente, como dicen los budistas, para acariciar nuestros corazones y que no sufran sin necesidad. ¿Habrá sufrimiento más tonto?
Las gotas rayan el paisaje forestal
Es muy relajante contemplar la cortina de agua pinchando la superficie del estanque, después de rayar el aire limpio con el tapiz verde de fondo. Hum... Buen momento meditativo. Silencio sonoro del bosque, voz cantarina del agua. Puro placer.

martes, 13 de mayo de 2014

Calabazas de turbante en el  jardín del Molí del Salt
Decidido. En el cuadrante que queda entre la caseta del rosal y el lugar donde coloco la mesa de ping pong voy a plantar lechugas o calabazas. He ahí el dilema: ¿lechugas o calabazas? Ya sabía yo que mis decisiones llevaban trampa.
Las calabazas son tan espectaculares, con esa manera de ir ganando terreno a base de lanzar sus espirales vegetales y cobrar pedazos de tierra, trepar por las vallas que separan el jardín del río Milans y luego ofrecer esos brillantes frutos de colores llamativos (me gustan las calabazas que llaman "turbante").
Sí, calabazas, quizás. O que compartan sitio con las lechugas; pero no, imposible. Las calabazas son invasoras y no dejan sitio ni para un alfiler. O calabazas u lechugas.
Ay, si alguien pudiera ayudarme... Pero está claro que la humana condición incluye el tener que atravesar estas encrucijadas en solitario.


martes, 15 de abril de 2014

Los koi salen del letargo del invierno en el Molí del Salt

Samurai, el koi que acaba de despertar

Llega con cierta timidez la primavera al Molí del Salt y los habitantes del estanque, los serenísimos y misteriosos koi se han decidido a salir de su sueño invernal a saludar a los primeros viajeros que pernoctan en los apartamentos. Samurai, el hermoso ejemplar dorado, cuyas escamas se perfilan con lineas negras, está elegante y sosegado, como siempre.
El viejo Emperador, así como Emperatriz, surgen del fondo del estanque para saborear las excelencias de las semillas de los fresnos. Aún no aceptan las naranjas que les ofrezco; esas son para el verano. No hay que apresurarse.


Pero sí aceptan las hojas de lechuga hervidas. También se aperciben de la pícara garza real que permanece como una escultura de piedra, al margen del estanque, para de pronto, casi sin que nadie pueda verlo, sumergirse a pescar un pececillo. No se atreve con los grandes koi, claro. No podría con ellos, pero se zampa los alevines.
He tratado de fotografiarla cuando se instala sobre la piedra del surtidor, en medio del estanque, pero no se deja hacer. Al vislumbrar el movimiento de la cortina de mi cuarto, alza el vuelo. Ideo tretas para salirme con la mía; será difícil, pero no imposible, confío. Por ahora, sólo puedo ofrecer esta instantánea.

Allá va ella, surcando el viento hacia las montañas de Poblet. Abajo, en el estanque, retozan los koi: el poeta, de blanco y negro; Guerrero, todo naranja, la Emperatriz... y empiezan a desperezarse los nenúfares; aunque éstos, tienen pinta de ir a tomárselo con calma. A ver si logro desperezarme también yo al ritmo del lindo Molí.








sábado, 22 de marzo de 2014

Ikebana de avellano tortuosa
Planté este ikebana cuando en las ramas del avellano apenas despuntaban unas yemas diminutas, hace unas cuantas semanas. Como no frecuento este cuarto en invierno, resulta que me olvidé de mi arreglo hasta que lo descubrí así, florido y hermoso. Se ve que alguien estuvo añadiendo agua a la vasija para que no se secara y lo ha agradecido de esta manera. Las alcachofas centrales son del huerto y el avellano tortuosa, del jardín. El plato del fondo, regalo de Chiqui y los p´çajaros que se adivinan a la izquierda me los traje de la capital de Mozambique en uno de aquellos viajes africanos tan memorables y de los que apenas he contado nada.
Total, que pretendía hacer un ikebana de almendros y no he tenido ánimo de destruir este tan generoso. Se lo birnod a ustedes con mis mejores deseos de paz y bien.

jueves, 6 de marzo de 2014

Muerte de un poeta

Fotograma de El Desencanto, de Chávarri
Leopoldo María Panero ha traspasado el contorno del abismo y ha muerto, al fin, quizás solo, como él temía; quizás alguien lo acompañaba, un alma caritativa, un ser compasivo que hubiera previsto su acabamiento. 
Después de una vida prematuramente destructiva de sí mismo –mejor que “autodestructiva” ya que en su destrucción no sólo contribuyó él mismo- el poeta novísimo, elhermano mediano de la saga de los Panero Blanc, ha cerrado tras de sí el portón pesado de la vida de su familia y de su ser. Queda su poesía, la inteligible y la que no lo parece. El prefería “Teoría”, el libro que publicó en los años 70. A ratos, capto retazos de lucidez en la escritura de una mente lúcida como pocas, pero que fue desvaneciéndose en manos de la locura.
Y ¿qué es la locura? Me preguntas clavando en los míos tus ojos brillantes y profundos. “La locura eres tú”, y se bebe la coca cola que me ha hecho comprar, después de fumarse varios paquetes de Nobel, unos cigarrillos asquerosos que fumaba sin parar.
En varias ocasiones me encontré con Leopoldo María Panero -¿y quién no?-; una, por entrevistarle para el periódico en el que yo trabajaba entonces.
Otra, cuando coincidimos en un bar de Malasaña,  Madrid, años 80, mi entonces marido y yo. Compartimos miradas, silencios y vasos en una mesa, envueltos en el humo de los mil cigarrillos que fumaba todo el mundo, pero sobre todo, Leopoldo. Y alguna charla, donde dejaba escapar su rabiosa inteligencia.

Fumo mucho. Demasiado.
Fumo para frotar el tiempo y a veces oigo la radio,
y oigo pasar la vida como quien pone la radio.
Fumo mucho. En el cenicero hay
ideas y poemas y voces
de amigos que no tengo.

Años después, perdido el contacto, no recuerdo por qué, fui a hablar con su hermano pequeño, Michi, en su casa de la calle Ibiza. Michi, muy deteriorado ya, malvivía en un piso oscuro y sucio, que apestaba a orines, donde no era posible tomar asiento sin sentir un asco casi insuperable. Me pregunto de qué hablaríamos en esa visita de casi dos horas. Quizás un último libro, algún pretexto parecido. Algo escribí después, vaya usted a buscarlo ahora.

Hay muertes que afectan y una no sabe a cuento de qué. Pero afectan. 

miércoles, 26 de febrero de 2014

Campaña de protesta en Paraguay contra abusos de Monsanto
Corre por la red y por algunas conciencias cada vez más numerosas la idea de que no somos soberanos al sentarnos a comer cada día. Me preocupa la alimentación porque constato cada vez más cómo influye en la vida de la gente, la mía propia, desde luego, y la de los que me quedan cerca. Soy consciente de que esta preocupación -que me ha empujado a hacerme vegana, también por respeto a la vida de los animales- puede conducir a la llamada ortorexia. Sin embargo y sin exagerar, apoyo las luchas de los pequeños David frente a los Mostrencos Goliath que buscan la autosuficiencia frente a los negocios basados en arruinar a las personas, sus economías y sus vidas.
Así que les invito a leer más sobre el asunto, que tiene más chicha de lo que parece. A tomar conciencia cuando echen al carrito de la compra sus productos en esos centros de venenillos que llamamos supermercados. Y a disfrutar con cada bocado que se lleven al buche.

miércoles, 12 de febrero de 2014

Cartas de Guillén en la Bibioteca Nacional

Jorge Guillén en plena madurez / fundacionjorgeguillen.com
Ana Santos Aramburo, la directora de la BNE está acopiando -bueno, vale: "haciendo acopio", mejor- de los archivos completos, o no, de los mejores escritores españoles y dibujantes y viñetistas y todos cuantos aporten luz y memoria a la desmemoriada cabeza hispana, que tanto de lo suyo ha despilfarrado y dilapidado por esos mundos.
Los fondos de la Biblioteca son curiosos y extensos.; vale la pena echarles una ojeada. Y a ellos se suman unas cuantas cartas de Jorge Guillén que conservan la gracia de su educación caballerosa. Era un señor chapado a la antigua, claro, ¿cómo no? Lo conocí cuando ya se había asentado en Málaga, en cuya casa me acogió con gran amabilidad una tarde de verano, en que me presenté con un compañero técnico de sonido de Radio Ncacional, a grabar una conversación entre los dos, de poesía, de paisajes, de historia, de modales, de comidas, de sabiduría, de leer libros, de ser niños... ¡qué sé yo! Casi dos horas estuvimos de charleta. Acabamos amigos.
Lo que me ha gustado es saber que esas cartas las dona su hija Teresa; una bella mujer, de cintura de avispa y modales de princesa, que vive entre Boston y Málaga. Me alegra saber que cualquier persona podrá curiosear con el debido respeto, se entiende, en esas cuatillas que han conocido otro tiempo, un tiempo que resuena en los que vamos dejan do años atrás, con el olor del chocolate de las meriendas y de las gomas de borrar Milán o la tinta Pelikan. Ya ves.
He recordado las veladas en su casa de Boston, con María Estrella y Christopher, comisqueando alguna delicatessen y en animada charla siempre inteligente y divertida. O cuando visité su casa de Nerja, un espacio marinero que se adentra en el agua por medio de una pasarela de madera sobre un jardín. Qué bonito.
Pero, lo que me interesa es saber y que sepan que los fondos del poeta se han ensanchado en la BNE.