miércoles, 6 de agosto de 2014

Un toque de melancolía


Dos sillas vacías, debajo de la glicina, cuando cae la lluvia sobre el agua del estanque, una tarde de verano, tienen el poder evocador del paso del tiempo, de la modificación de las situaciones. Un antes y un después. Hace dos minutos, un joven y su madre charlaban quedito, tableta en ristre, sobre cómo tomar una foto de los kois que evolucionaban bajo sus pies. Un trueno descomunal anunció la inmediata lluvia que cayó como un torrente sobre el Molino. Y ahí quedaron las sillas abandonadas, en silencio.

domingo, 27 de julio de 2014

Una amable compañía


Consciente de la preocupación que embarga a Chiqui a causa de lo que el destino deparará a su Buda cuando ella decida marcharse, le he propuesto a mi rana budista que se haga cargo y tome conciencia del problema, buscándole la solución que ella vea más conveniente. y a está, Chiqui. Aparta de ti esas preocupaciones. La ranita está dispuesta a partir hacia Boston -si es necesario- para acompañar al buen buda. Mientras se decide del todo, ella ya ha contactado espiritualmente con él. Lo notarás porque se le verá más feliz (si cabe) y tú te sentirás más tranquila.
Namasté

miércoles, 16 de julio de 2014

Pavo real, en la sombra


La mariposa que ven en la fotografía, está posada en un ciprés esta misma tarde de verano en que escribo esto. Casi es un milagro que haya podido fotografiarla pues, al poco rato de hacerlo, remontó el vuelo para desaparecer en la fronda del bosque de enfrente. Se trata de una Pavo real: nunca la había visto tan de cerca. Emoción. Sale algo movida por su aleteo. Pero, si la acercan, verán qué belleza de colores. Y ella, tan campante, sin saber cuánto la admiro. Hoy es el primer día en que realmente ha hecho calor, si quieren saberlo. Nos acercamos a los 38º Celsius. Así que me he preparado una bebida de arroz con almendras, canela y jarabe de ágave, que ha salido de rechupete. A su salud.

jueves, 26 de junio de 2014

Vista del verano desde la terraza


Estaba esperando a Junio y resulta que casi se va sin yo enterarme.  Cuán presto se va el placer. Cómo se llega el final de los días, qué raudas se van las voces amigas... Pues, señor, se da el caso de que Julio está a la vuelta de la esquina. Que no esperan los días a que estemos preparados para recibirlos. Que huye el tiempo despiadadamente, mientras dejamos escapar las trizas de belleza que quedan tras la batalla diaria. Que nos atropella la vida sin que podamos recomponer la postura y dejar un gesto airoso en nuestros andares. Así que, para exorcizar esos males del tiempo y las prisas, hoy me he sentado en la terraza del molino a contemplar el cielo y el agua, a escuchar el murmullo del aire y los trinos de los pájaros. A ver pasar la vida despacio, sin mover un dedo, sin hacer nada. Casi sin pensar. Otra meditación.

La garza real en actitud meditativa

sábado, 31 de mayo de 2014

Como agua de mayo

La última lluvia de mayo en el Molí
El último día de mayo ha amanecido soleado y con lluvia, aunque en la foto no se aprecie el sol. Ha sido un regalo de mayo antes de salir para siempre de nuestras vidas. No volverá este mayo de 2014 nunca más. Se preparan muchas actividades este año en el Molino: bicicletas, yoga, andanzas y danzaderas. Será un verano de ensaladas eco y festines veganos. Aprenderemos juntos a hacer, a disfrutar y a vivir unos días.
Reflejos del sol en el estanque
Después, pasado el verano, tiempo habrá de evocar los buenos ratos pasados. En el silencio del jardín, en compañía de los atareados animales que buscan la hora de partir, como cada verano a algún sitio más cálido de Africa, donde el otoño sea menos castigador. Pero eso será después; no adelantemos acontecimientos. Vivamos el presente, como dicen los budistas, para acariciar nuestros corazones y que no sufran sin necesidad. ¿Habrá sufrimiento más tonto?
Las gotas rayan el paisaje forestal
Es muy relajante contemplar la cortina de agua pinchando la superficie del estanque, después de rayar el aire limpio con el tapiz verde de fondo. Hum... Buen momento meditativo. Silencio sonoro del bosque, voz cantarina del agua. Puro placer.

martes, 13 de mayo de 2014

Calabazas de turbante en el  jardín del Molí del Salt
Decidido. En el cuadrante que queda entre la caseta del rosal y el lugar donde coloco la mesa de ping pong voy a plantar lechugas o calabazas. He ahí el dilema: ¿lechugas o calabazas? Ya sabía yo que mis decisiones llevaban trampa.
Las calabazas son tan espectaculares, con esa manera de ir ganando terreno a base de lanzar sus espirales vegetales y cobrar pedazos de tierra, trepar por las vallas que separan el jardín del río Milans y luego ofrecer esos brillantes frutos de colores llamativos (me gustan las calabazas que llaman "turbante").
Sí, calabazas, quizás. O que compartan sitio con las lechugas; pero no, imposible. Las calabazas son invasoras y no dejan sitio ni para un alfiler. O calabazas u lechugas.
Ay, si alguien pudiera ayudarme... Pero está claro que la humana condición incluye el tener que atravesar estas encrucijadas en solitario.


martes, 15 de abril de 2014

Los koi salen del letargo del invierno en el Molí del Salt

Samurai, el koi que acaba de despertar

Llega con cierta timidez la primavera al Molí del Salt y los habitantes del estanque, los serenísimos y misteriosos koi se han decidido a salir de su sueño invernal a saludar a los primeros viajeros que pernoctan en los apartamentos. Samurai, el hermoso ejemplar dorado, cuyas escamas se perfilan con lineas negras, está elegante y sosegado, como siempre.
El viejo Emperador, así como Emperatriz, surgen del fondo del estanque para saborear las excelencias de las semillas de los fresnos. Aún no aceptan las naranjas que les ofrezco; esas son para el verano. No hay que apresurarse.


Pero sí aceptan las hojas de lechuga hervidas. También se aperciben de la pícara garza real que permanece como una escultura de piedra, al margen del estanque, para de pronto, casi sin que nadie pueda verlo, sumergirse a pescar un pececillo. No se atreve con los grandes koi, claro. No podría con ellos, pero se zampa los alevines.
He tratado de fotografiarla cuando se instala sobre la piedra del surtidor, en medio del estanque, pero no se deja hacer. Al vislumbrar el movimiento de la cortina de mi cuarto, alza el vuelo. Ideo tretas para salirme con la mía; será difícil, pero no imposible, confío. Por ahora, sólo puedo ofrecer esta instantánea.

Allá va ella, surcando el viento hacia las montañas de Poblet. Abajo, en el estanque, retozan los koi: el poeta, de blanco y negro; Guerrero, todo naranja, la Emperatriz... y empiezan a desperezarse los nenúfares; aunque éstos, tienen pinta de ir a tomárselo con calma. A ver si logro desperezarme también yo al ritmo del lindo Molí.