
El juez de la Audiencia Nacional, Bartasar Garzón (el que se agacha a tocar el género, en la foto de El Mundo), ha salido en los diarios de caza con el Ministro de Justicia actual, Bermejo o Fdez. Bermejo, con el que ha pasado el finde (weekend), cenado, reído, charlado, etc. etc. Dos seres humanos compartiendo la alegría de la vida. Hasta aquí...
Con ellos participó en la masacre de astados herbívoros, el jefe de la policía judicial y no sé si la fiscal que atiende los casos de corrupción del partido en la oposición, perseguidos por el susodicho juez.
Al juez, en 1993, cuando se quiso meter en política, en las filas del PSOE, ya se le escucharon lindezas contra la oposición. "Si ya han aprendido la santa indignación, ahora que aprendan la santa paciencia, y así aprenderán a gobernar". Pero, bueno, eso, en un político, es normal y hasta plausible.
A Zapatero o Rguez. Zapatero (en España, hay la costumbre de eliminar los apellidos paternos acabados en Z), que admira y quiere plagiar, más que imitar, los gestos de Barack Obama, no se le ha oído todavía que cese al ministro en cuestión. Ni al Consejo General del Poder Judicial (CeGePeJota), suspender al juez por -si no prevaricación- mal ejemplo.
Se trata de España, la octava potencia (sic) del mundo, enclavada en Europa y con una antigua aspiración a ser respetada por la orquesta de naciones del mundo. Vamos, que no hablo de Gambia ni de Zimbabwe.
Recomiendo a las gentes de paz y bien, que respiren hondo, estiren bien la columna vertebral, cierren delicadamente los ojos, adopten una postura cómoda y, en medio del trino de los gorriones, el piar de los mirlos y el triscar de miguitas de pan de los petirrojos, si es posible, con algún sonido de agua, una fuente, un chorrito en el fregadero... medite. No para pensar en el desánimo que producen estos comportamientos, sino en cómo fluye el aire en su cuerpo, cómo aspira e hincha los pulmones abriendo el diafragma; cómo suelta el aire, y empuja el diafragma hacia el estómago que se regocija de ese masajito suave...
La vida es bella y breve. Cuando te quieres dar cuenta, han pasado los años, y ahora que sabes algo más, necesitarías otros 55 para poner el práctica tu sabiduría.