miércoles, 22 de junio de 2011

Helena, Elena, Yelena


Joan Manuel Serrat cantó una vez una canción que decía "ahora que tengo 20 años" y, pasados muchos años, otra que iba: "hace 20 años que tuve 20 años" y en este plan. Lo cierto es que, cuando hace 20 y hasta 30 años que tuviste 20 años, hay noticias que te trasladan por el túnel del tiempo a tus años adolescentes. Tal es la muerte de Helena Bonner, la viuda de Sajarov, el premio Nobel de Física, castigado por el régimen comunista soviético a quedar recluido en casa. El premio tuvo que recogerlo Helena -corría el año 1975- en Oslo.
Por alguna razón que sigue escapándoseme, Helena Bonner me cayó bien desde el principio, nada más ver su fotografía, sin saber nada de ella. Claro que debo confesar mi rusofilia inveterada, anque creo que eso ya lo he dicho alguna vez. Lo que leí después no me defraudó: una mujer cabal, valiente, generosa, elegante. Y ahora, ha muerto, porque se mueren incluso los mejores. A los tres años de edad comprendes que tienes que morir. Cuando muere alguien admirado por ti, te rebelas, reniegas, quisieras que no fuera cierto. Es el segundo descubrimiento de la muerte, el más duro. Vivía en Boston, una ciudad que existe gracias a una amiga que la habita también.
Pero el verano acaba de llegar; no le hagamos el feo de hablar funerariamente precisamente ahora que hay que limpiar la piscina. Invocaré a Helena para atreverme.

domingo, 5 de junio de 2011

martes, 31 de mayo de 2011

Pepinoides

Manda carallo la que han liado las autoridades alemanas con los pepinos españoles a los que han acusado de ducharse con aguas fecales entre otras lindezas. Ahora resulta que los asesinos de 14 personas en Alemania, han sido verduras del norte de Hamburgo, exactamente como pasó hace diez años, también en la Locomotora de Europa. Jolines, ¿no?

Lástima que no encuentre la noticia para enlazarsela a ustedes.
Los agricultores andaluces están muy conyentos: sólo han perdido 200 € por semana, y creo que va por la tercera semana. Además, tampoco Austria va a consumir verdutras y frutas españolas. Ni Chequia, ni Rusia ni no séquiénmás. Pues que les den. Peor para ellos.
"Nos toman por moros", dice una gordita pastelera, encantadora y amable, por otra parte, con cierta pena. Pero ahora lo que toca es saber quién pagará los platos rotos.
Yo, los pepinos es que me los como con cáscara. Lavados, claro.

viernes, 20 de mayo de 2011

La Puerta del Sol está a la vuelta de la esquina

Así ha de ser. La protesta de los que no tienen miedo a perder o de los que protestan por aquellos que ni siquiera pueden o saben hacerlo quiere extenderse. Lo cuenta muy bien Chiqui en su blog. No es un fenómeno como el de Egipto y Túnez -como ha dicho el ex presidente sociolisto González- sino que ahonda en los males de la corrupción generalizada del sistema capitalista que tolera y hasta estimula comportamientos claramente delictivos para el enriquecimiento de los más listos, los más depredadores, los más insaciables, sin escrúpulos y detestables especímenes de la humana fauna. Esos que van empobreciendo cada vez más el mundo, desde sus vecinos de Cincinati a los habitantes de la aldea de Burkina Fasso que casi iban a recoger su cosecha cuando les cayó encima la dentellada de estas bestias de Wall Street o del infierno que sea.
Claro que hay rabia detrás de esta protesta, ¿qué, si no? Y sangre en las venas y vergüenza torera.
Londres, París, Roma, Lisboa, Berlín, ¿Nueva York? Con que, a mover el culo y a pensar con la cabeza. Porque no hay que dejarles dormir en paz. Porque la dignidad humana está en juego, ni siquiera se trata del trabajo que no hay de unos jóvenes españoles. Se trata de todos nosotros. Como dijo Primo Levy: "Si esto es un hombre..."

lunes, 9 de mayo de 2011

Resucitó

Se me ha ocurrido mirar otra vez la Nikon, sacarla de la funda y ver qué pasa. La última vez no pasaba nada y ése era el problema. Ahora, todo apuntaba a lo mismo. "Parece que me gusta darme disgustos", he llegado a pensar. Lo mejor sería tirarla al río y esperar mejores tiempos para comprar una barata y pequeña, de ésas que caben en el bolsillo y que tienen tropecientos mil píxeles o lo que sea. Pero he seguido manipulando, lo más suavemente que podía, aguantando las ganas de darle un puntapié a la dichosa máquina. He apretado la tapa del compartimento de la batería, que cedió desde el principio de usarla y ya tuve que llevarla a arreglar, sin éxito (tengo la desagradable sensación de que esto último ya lo había contado).
Cuando me disponía a guardarla de nuevo en su funda se ha iluminado. ¡Funciona! He salido pitando a fotografiar el bancal, mientras Sergi pasa la segadora por las hierbas de los frutales, no vaya a que se nos estropeen las manzanas este año. Y aquí está el resultado. He reparado en que ahora lo que falla es el visor cuando acerco la imagen, de modo que no responde la foto a lo que se ve en la ventanita y así, tanto corta la cara como parte las piernas del modelo. Una violenta.

miércoles, 27 de abril de 2011

Murió mi Nikon

Quizás, si en vez de una Nikon me hubiera comprado una Canon, que a fin de cuentas es un templo muy importante de Tokio, la cámara me habría durado más años. La compré hace unos diez años, tampoco es tan vieja, aunque su aspecto y lo pequeño de la pantalla contradigan esta idea mía. Al principio, creí que se trataba de la batería, pero no; me han asegurado unos que saben que la batería está bien. Cuando la meto en la cámara, ésta no reacciona de ninguna manera. Una vez sí lo hizo: sacó el objetivo y en la pantallita apareció un anuncio en rojo (no sé por qué carallo se empeñan en escribir cosas en rojo, un color imposible para los que vamos perdiendo vista): "Atención: batería agotada". De modo que le he dicho, sin miramientos (aunque mirándole a los ojos): "Atención: cámara agotada", de puritito cansancio de vivir.
¿Y ahora, cómo hago yo mis fotos?

jueves, 21 de abril de 2011

El aprendiz de mirlo



Anoche, cuando regresábamos de Barcelona, donde habíamos echado el día, nos encontramos con un pollo de mirlo a la puerta de la casa, acurrucado, junto a la madera; parecía una piedra. Los perros, que me seguían en busca de un trozo de mortadela -su premio favorito- ni habían reparado en él, por suerte.
Intenté llevarlo a un sitio seguro, sin que su cuerpecito se rozara con mi piel, pues los adultos lo rechazarían si llegan a percibir olor a humano, tengo entendido. No hubo suerte, el polluelo se deslizó por entre el tronco abierto de la vieja acacia y se perdió bajo las hojas de las violetas, a sus pies. No quise insistir porque sé que los terrícolas acabamos estropeándolo todo por muy buena intención que nos mueva. Fíjense, si no, en la ensalada de Libia (va con ironía).
Me fui a la cama un poco triste por la suerte que corriera el pollito de mirlo al tener que pasar la noche ahí fuera, sin la defensa de sus padres, al albur de culebras, búhos, gatos salvajes, mustélidos, ratas y otros habitantes de la noche. Por eso me llevé una grata sorpresa esta mañana, al verlo tan pimpante, quietecito en el suelo del jardín. Y mejor aún, esta tarde, al sorprender al mirlo ya sobre el poyete de la fuente, acompañado de un progenitor, haciendo malabares para acelerar las clases de vuelo. Bien, me dije; a veces la naturaleza es compasiva y compensa las tragedias producidas por la mano humana constantemente.
 En cuanto a mis actividades agrícolas, he de decir que mi bancal avanza despacio pero imparable. Ya he plantado semillas de apio, chirivías, rúcula, peregil y rabanitos. Lo he protegido con plástico para que los pájaros no se zampen las ricas semillas. De vez en cuando hay que abrir el plástico para que se ventile . Esta noche hay anunciada lluvia, de modo que he vuelto a taparlo. No quiero que la rabia del agua disperse las semilllas, apenas tapadas por un milímetro de mantillo. Pongo velas a Santa Rita para que salgo algo, aunque sólo sea peregil. Bueno, y chirivías. Mañana les pongo la foto que hoy se me ha hecho tarde.