domingo, 8 de julio de 2012

Mucho trabajo pendiente en el jardín
(Esta entrada se quedó rezagada sin que lo advirtiera, desde el principio de la primavera; el jardín tiene ahora un aire mucho más respetable. Como tengo sueño, la cuelgo ahora que tiempo habrá de escribir otra)
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Ha hecho calor de verdad hoy. Se respira ya la pólvora del pistoletazo de salida de la primavera. De modo que me he dado una vuelta por el jardín y el resultado es desolador: hay tanto trabajo que no sé por dónde empezar. Si al menos tuviera una buena guadaña como la que le pintan a una de las Parcas famosas.


Daños en la valla
Sopla el viento, el que debe de estar asolando las costas inglesa y francesa, dando a la tarde una sonoridad rara. Me molesta el viento, sobre todo cuando crece a velocidades de vértigo, amenazando el gran ciprés que, a su vez, lleva camino de cargarse la valla. Creo que sólo la sujeta la enorme glicina que la abraza con fuerza. Ha florecido, por cierto, y ya se percibe la fragancia violeta por todo el jardín.


Los gatos han decidido regresar a la prisión. Agazapados en el tronco de la vieja acacia, no se sentían a gusto en medio de la ventolera. Entran a casa y lo primero que hacen es dejarse caer al suelo para revolcarse a placer. Supongo que quieren dejar claro que es suyo. El suelo, y el cuarto y los muebles y la casa. Son los dueños de todo.


Los perros están callados, seguramente duermen la siesta, atados en su caseta de ladrillo y tejas de verdad. La caseta de Waldo y Niebla debe de tener ya más de ochenta años. Ha criado líquenes en el tejado y tiene aire de respetabilidad. 
Creo que he comido demasiadas avellanas. Voy a mover el esqueleto y a trabajar en el jardín.

jueves, 21 de junio de 2012

Peonias blancas en jarrón japonés sobre la mesa del comedor
La noticia de la enfermedad de mi querida prima nos ha volcado a todos en la búsqueda de los remedios que, ajenos a la convención de la academia, alivien su dolor y la reconforten en los malos tragos. Lo cierto es que esa búsqueda nos ha empujado a saber y querer saber más de la medicina tradicional que también practicaban nuestros abuelos; no hay que irse a los ayurvedas indios ni a los yaquis ni a los chamanes siberianos.
Desde hace tiempo, me sentía atraída por la dieta vegetariana y, a pesar de mi inclinación por el jamón llamado "pata negra", auténtica joya celestial de la gastronomía patria, me ha costado poco esfuerzo darme cuenta del sufrimiento que hay que infligir a un ser vivo e inteligente -el hermano chancho- para producir ese manjar. Hace meses que no pruebo nada de lo que cause dolor a otros.
Mucho más difícil ha sido renunciar a los quesos -esas maravillas de la naturaleza láctica- especialmente el manchego de oveja y vaca, el flor de Esgueva, el parmigiano regiano, el gruyère suizo y la torta de Casar. Pero también han quedado atrás con el pretexto del colesterol malo que no quiere abandonarme ni a tiros. Así que, sustituí, por consejo de mi acupuntora china, el café con leche por el té verde sencha solo,  los filetes de ternera por lonchas de seitán, el jamón pata negra por nada (es insustituible) y la mantequilla por el rico tahini del que tampoco hay que abusar, pero abuso.
He aprendido a hacerme yo misma -con ayuda de la tecnología alemana, lo admito- las bebidas de soja, arroz, almendras, avena, alpiste, etc y hasta me he aventurado con yogures home made y quesos. Ahora, que me he apuntado a un foro de vegetas, la emprenderé con una receta de gruyere vegano, cuyo aspecto me atrae; ya veremos, el sabor. Les mantendré informados de mis actividades molineras, en caso de que haya alguien ahí, todavía.

martes, 1 de mayo de 2012

Un paseo por el bosque

Mi primera alcachofa
Empecé a marchar por la linde de la carretera como hacen los lugareños. Una tarde tibia de primavera la de hoy, primero de mayo. Tras unos cuantos pasos, me desvié hacia el camino que conduce al pozo de hielo; lo están rescatando del abandono y ahora puede verse lo profundo que es. Debe de tener unos mil años. O casi. En vista de que una nube amenazaba con quitarme el rico sol, decidí un nuevo cambio de rumbo y enfilé mis pasos hacia el camino que bordea las viñas y que se dirige al monasterio de Poblet. Y entonces me fijé en ellos. Había espárragos. Cada vez que llueve brotan como por encanto, crecen a gran velocidad, casi como esas flores que se desarrollan en una cámara ultrarrápida como muestran los documentales de naturaleza. Claro que con idéntica rapidez los domingueros y visitantes forasteros los espigan que da gusto.
Por eso, animada por el pequeño manojo de espárragos, me adentré en el bosque, sólo unos metros, por entre pinos y encinas. Un camino difícil pero encantador. Allí, todos los espárragos habían sido podados. ¿Todos? No, por cierto. Quedaban tres hermosos ejemplares al fondo de una pendiente, camino de jabalíes, en el que logré colarme para hacerme con el tesoro. ¿Cómo harán los jabalíes para resultar tan ágiles, combinando esas pezuñitas con su gran corpachón? Esta noche cenaremos espárragos con arroz basmati, como vi que preparaba una elegantísima paria en Punjab, India. Otro documental de la 2.
Por cierto, ya tengo dos alcachofas en el huerto. Y me he comido las primeras fresas. Muy ricas. 

martes, 17 de abril de 2012

Rabanitos y hojas de lechuga para la ensalada

Alcachofas en primer término, junto a la rúcula. Al fondo, Dina
El bancal del huerto está empezando a animarse. Recojo algunas mañanas hojas sueltas y tiernas de lechuga primavera y hoja de roble; también de espinacas y rúcula. Luego añado al cesto un par de rabanitos y me monto una ensalada crujiente y fresca gracias a la centrifugadora de ensaladas que me regaló mi amiga Estrella, uno de esos artefactos de plástico donde puedes lavar la verdura cruda y tapar con una tapa que lleva un cordón del que hay que tirar como si de un fuera borda se tratara. Me encanta hacerlo.
Lechugas primavera, flanqueadas por espinaca y acelga
Pues he ampliado la huerta, como ya he dicho en otra entrada y ahora preparo la tierra con humus de hojas fermentadas y estiércol de las mulas bonitas que trabajaron en el bosque para acarrear madera. Después, añado ceniza de las hogueras autorizadas en las que hemos quemado ramas y hojas del invierno. Esa tierra espero que acoja con gracia las semillas de maíz eco, calabazas (ya las planté esta mañana), pepinos y melones. Amén de los semilleros de tomates raf, puerros y lechugas que están germinando. Este año, parece que la cosa promete. Me gusta pararme al atardecer, si el frío no aprieta, a contemplar el silencio de la huerta. Yo no sabía que se podía hacer hasta que lo comprobé por casualidad una tarde. Luego caí en la cuenta de que los pajarillos no callaron en ningún momento. Pero a mí no me molestaban.
El pequeño ruibarbo que asomó en pleno frío
Los ruidos feroces de la radio contando las noticias sí que me molestan, pero  no hay nada que hacer por ahora. Confío en que la gente acabe organizándose, no para jalear la calle solamente sino para hacernos un favor unos a los otros. O dos. Dicen que España es de los países donde hay menos emprendedores del mundo desarrollado. Y no es culpa de las leyes porque bien que montan sus empresas los extranjeros de todo tipo que llegan. Empresas grandes y pequeñas. Habrá que cavilar por ese lado y dejarse de lamentaciones y griterío.
Como el ruibarbo, tener valor para asomar la nariz en medio de las heladas y crecer, a la chita callando, hasta hacerse fuerte. Como dice Fernando Vallejo, el escritor colombiano, no es que haya que hacer el bien sino que no hay que hacer el mal. Valete.

martes, 3 de abril de 2012

Muere Mingote y es como si algo mío se hubiera muerto

Como me pasó con Miguel Delibes. Como si hubiera muerto alguien de mi familia, sin que acierte yo a explicarme el por qué. Puedo atisbar una razón en que ambos eran gentiles caballeros españoles del norte, como mi familia materna, y tenían rasgos en común con mis tíos abuelos, ellos y ellas: un hablar pausado y educado, unos silencios significativos sobre sus personas y hazañas, unas miradas atentas y reflexivas sobre lo que nos rodea y sobre los que nos rodean. Una aparente facilidad para estar a la altura de las circunstancias sin que nada en ellos sonara a falso, a impostura social . Su moderación en las opiniones políticas y religiosas era fruto de muchas horas meditadas sobre la condición humana y la necesidad de buscar refugio que tiene este ser en el que entramos cuando nacemos, tan indefenso, tan perdido, tan solo. (Tampoco sé por qué demonios se ha subrayado en azul todo este texto, ustedes disculpen)
Actual después de 27 años
Sí; se me ha muerto Antonio Mingote al que tuve la suerte de conocer, por mi trabajo en la radio, en su casa del Niño Jesús, donde grabé una hora de clase de saber estar y ser. Y no me cobró ni un céntimo. Mi admiración como la de tantos que le conocieron o, simplemente, siguieron sus dibujos editoriales del ABC. Cómo va a caer el número de lectores del viejo diario monárquico, ante el hueco irrellenable de AMingote.

jueves, 29 de marzo de 2012

Preparar la huerta para la siembra 1

Ajustando la valla
Por fin llegó el buen tiempo, aunque haya que abrigarse de noche cuando se esconde el sol y las temperaturas caen en picado. Me he armado de valor y he puesto en marcha lo que llevaba tiempo pensando: la ampliación del huertecillo. Le pedí ayuda a Francisco, el hombre tranquilo, que me pasó su multicultor en un pis-pas y me dejó la tierra que daba gloria verla.
Así que acarreé la valla de alambre verde en la vieja carretilla y me deslomé un rato hincando los bambúes de sujeción en el suelo. Los almendros rodean y embellecen ahora con sus flores y las incipientes almendras, aunque después las semillas hagan brotar arbolillos que tendré que sacar. En fin. El caso es que con la valla evitaré que los jabalíes me labren a placer la huerta cuando lo tenga todo plantado.
Con este espacio, tendré sitio para plantar melones y pepinos y maíz para palomitas y puerros. Las patatas las haré según el método del saco de Seymour, el Maestro. Las semillas son ecológicas, of course, y la labor desconoce los ungüentos venenosos de Monsanto y Cía. Ça va de soi.
A pesar de las brujas malas, el Molino sigue su vida y presenta una cara preciosa. Cada día más bonita. Como el paseo que me he dado esta tarde por la torrentera seca que hace unos días alegraba un agua de lluvia tanto tiempo esperada.
 

Quienes no se den la oportunidad de pasear en solitario, hablando en alto consigo, o con los pájaros o con las lagartijas, recogiendo piedras bonitas, que no preciosas, contemplando el cielo y las copas de los árboles... quizás se estén perdiendo un aspecto de la vida demasiado bueno como para morirse sin saberlo. La primavera concede ese favor que no hay que dejar pasar por alto.
Les pongo la portada del libro de Rousseau en inglés, porque el grabado que han puesto se acerca a los paisajes de mis paseos ensoñadores, los amenos vericuetos de la Conca de Barberá por los que me gusta perderme (alguna vez he tenido que pedir ayuda para regresar a casa). Nunca sabremos de verdad la cantidad de deudas que tenemos comprometidas con la naturaleza. Las de los bancos sí las conocemos perfectamente, pero ése es otro cantar.
Caminen, piérdanse solitarios por los campos y las veredas. Aprovechen el regalo del tiempo de primavera.  Beatus ille.

jueves, 22 de marzo de 2012

Antagonía, entra en un libro, al fin

Han tenido que pasar años desde que salió la primera tanda de páginas de Antagonía, de Luis Goytisolo, a la que siguieron otras tres, a lo largo de 17 años. El benefactor ha sido un editor de una pieza, Jorge Herralde, que ha querido así festejar los 500 números de la colección Narrativas Hispánicas, de Anagrama, la gran editorial de referencia en España.
Lo cierto es que Antagonía encierra en sus 1.112 páginas, diez novelas, y no cuatro, como pudiera parecer al haberse publicado en cuatro volúmenes. Se trata de la obra de su vida, destacada y aplaudida al principio, pero también silenciada y casi oculta detrás de las modas que se produjeron en España durante los años setenta en que los autores del llamado "boom" americano invadieron librerías y atención mediática. Pero la vida es así; no siempre los que la merecen tienen suerte.
Con todo, LG está satisfecho de ver su criatura junta, unida, disponible para quien ame la aventura de leer. Se trata de una criatura pequeña, en realidad, diminuta si se comprende que comparte el espacio con los best sellers de toda laya a los que apoyan grandes campañas de marketing y enormes intereses de los medios de comunicación. Por eso infunde ternura ese tomazo de tapa dura que muestra en su portada la reflexión pictórica de José María Ballester: unas meninas velazqueñas ocultas como fantasmas que no quieren ser expuestos, a los que hay que adivinar respirando en los rincones oscuros.
El editor, que pone en orden su labor de toda una vida estos años de casi despedida, ya que Anagrama pasará poco a poco a manos de Feltrinelli, cierra un circulo de amistad con el autor. Ambos compartieron aula y orla desde que tenían doce años. Ni las diferencias de la vida adulta ni los malentendidos que a veces se producen debido a la distancia han dañado ese tándem. Emociona saber eso.
Cuando se apaguen las voces de la fiesta, cuando nadie permanezca en el jardín y sobrevenga el invierno y ya ni las flores ni los pájaros iluminen sus rincones, quedará Antagonía. Como un monumento silencioso y elocuente al mismo tiempo. Emociona.